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Oxímoron Garriga

Oxímoron Garriga
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Por Rafael M. Martos
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miércoles 22 de abril de 2026, 06:00h
Actualizado el: 22 de abril de 2026, 06:47h
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Ahora que nos acercamos a las elecciones al Parlamento de Andalucía del próximo 17 de mayo, el argumentario de Vox ha decidido sacar a pasear la "prioridad nacional". Una de esas "frasecitas" que, al igual que el pin parental o la cruzada contra la "religión climática" o la "amenaza del lobby gay", buscan la eficacia del eslogan vacío frente a la complejidad de la realidad.

Lo hemos visto en Córdoba. Allí, Ignacio Garriga, secretario general de la formación, defendía con vehemencia la necesidad de blindar las ayudas sociales para los "nacionales". Escucharle resulta, cuanto menos, un ejercicio de ironía involuntaria. Si hay alguien en el España que debería sentir escalofríos ante posturas excluyentes y nacionalismos de pedigrí, es precisamente Garriga.

Catalán de nacimiento, hijo de Rafael Garriga Kuijpers —de origen belga por parte materna— y de Clotilde Vaz de Concicao Morlay, una mujer ecuatoguineana que llegó a Cataluña en los años sesenta, Ignacio Garriga es el ejemplo vivo de que la identidad española es, afortunadamente, un puzle de piezas diversas. Además se ha criado en una Comunidad Autónoma donde el nacionalismo catalán ha hecho del "som i serem" un muro de exclusión, reclamando una prioridad que él mismo ha combatido. Y sin embargo, ahora decide aplicar la misma lógica, pero cambiando el mapa de referencia.

Si en los tiempos en que sus antepasados buscaban su lugar bajo el sol se hubiera aplicado esa "prioridad" que hoy pregona, quizás Garriga no estaría hoy en sentado el Parlament. Recordemos que Guinea Ecuatorial fue provincia española y que a sus nativos se les reconoció (o negó, según el soplo del viento político de la época) una nacionalidad que hoy él quiere dosificar con cuentagotas. ¿Qué habría pasado si el Estado, en un arrebato de "prioridad nacional", hubiera decidido que los guineanos o los saharauis eran ciudadanos de segunda sin derecho a la plena pertenencia?

Pero el egoísmo político no conoce de genealogías. En Córdoba, junto a Manuel Gavira, candidato de Vox a la Junta de Andalucía, el discurso se tornó localista con ese aroma a insolidaridad interprovincial que tanto asusta. Gavira aboga por priorizar al andaluz en las ayudas. Y aquí es donde el almeriense, que sabe bien lo que es tener que buscarse la vida fuera o recibir a quien viene de lejos, debería fruncir el ceño.

¿Qué significa realmente esa prioridad? Imaginemos que un almeriense decide probar suerte en Extremadura y, tras un revés de la fortuna, necesita solicitar el Ingreso Mínimo Vital o cualquier ayuda de emergencia. Según la lógica de la "prioridad" que ya se ha ensayado en otras comunidades bajo el sello de Vox, ese español podría verse relegado frente a un extremeño "de pura cepa" simplemente por no llevar cinco o diez años empadronado allí. O al revés: ¿debemos negarle el auxilio a un murciano que lleva tres años dejándose la piel en los invernaderos de El Ejido solo porque no nació en el Hospital de Torrecárdenas?

La propuesta es, en esencia, un oxímoron: un nacionalismo que fragmenta la nación que dice defender. Es el sálvese quien pueda elevado a categoría de programa electoral.

Habría que recordarles a ambos —especialmente a quienes tienen apellidos que viajan por el mapa de Europa y África— aquella frase que se lee en algunas camisetas y muros: "No seas ignorante, tu abuelo también fue migrante". Y en este caso, la palabra "migrante" es la más precisa. Casi todas las familias de Almería guardan el recuerdo de un abuelo en Argentina, un padre en Alemania o un hermano en Barcelona. Emigraron e inmigraron porque el hambre y la falta de oportunidades no entienden de banderas, sino de necesidad.

Escuchar a Ignacio Garriga hablar de cerrar puertas y priorizar carnés es asistir al espectáculo de alguien que niega a los demás los mismos derechos y la misma acogida que permitieron a su familia prosperar. Es el egoísmo de quien, una vez dentro del barco, pide que se levante la escala. Y eso, en una provincia como la nuestra, que se ha construido a base de esfuerzo propio y ajeno, no deja de ser una broma de mal gusto.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"