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Almería no se “limpia” expulsando a los pobres
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Almería no se “limpia” expulsando a los pobres

Por José Francisco Cano de la Vega
lunes 08 de junio de 2026, 10:33h
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Hay frases que deberían hacernos reflexionar como sociedad. Una de ellas la pronunciaban recientemente los representantes de Cáritas al alertar de la preocupación institucional existente por “limpiar el centro de Almería de pobres”. Más allá de la crudeza de la expresión, lo verdaderamente inquietante es que refleje una forma de entender la ciudad en la que el problema no es la pobreza, sino su visibilidad.

Las personas sin hogar no aparecen porque sí en nuestras calles. Son la consecuencia de una cadena de fracasos colectivos relacionados con el acceso a la vivienda, la precariedad laboral, la salud mental, las adicciones, la ruptura de vínculos familiares o la ausencia de redes de apoyo. Cuando una persona acaba durmiendo en un cajero, en un banco o en un parque, lo que estamos viendo no es un problema de orden público, sino el resultado de un problema social que ha llegado demasiado lejos.

La ciudad de Almería no es ajena a esta realidad. En los últimos años hemos asistido a un incremento constante de las dificultades para acceder a una vivienda digna. Los alquileres han alcanzado niveles desconocidos hace apenas una década, mientras que los salarios y las prestaciones sociales ni mucho menos han seguido el mismo ritmo. Cada vez más personas destinan una parte desproporcionada de sus ingresos al pago de la vivienda y cada vez son más quienes viven en situaciones de vulnerabilidad residencial.

Cáritas, al igual que viene señalando el Papa León XIV, lleva tiempo advirtiendo de que la vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de exclusión social. Lo que antes era una herramienta de integración hoy se ha transformado para muchas familias en una barrera difícil de superar. Tener empleo ya no garantiza poder acceder a una vivienda, y perderla supone con frecuencia el inicio de un proceso de exclusión.

Por eso resulta preocupante que las respuestas institucionales de los gobiernos de la derecha se orienten más a desplazar a las personas sin hogar de determinados espacios urbanos que a resolver las causas que las han llevado hasta allí. La pobreza no desaparece porque se retire de una plaza o porque se aleje de una calle comercial. Simplemente se traslada a otro lugar menos visible para quienes prefieren no verla.

Las ciudades no se construyen para el turismo, para el consumo o para las fotografías promocionales. Las ciudades se construyen para las personas. Para todas las personas. También para quienes atraviesan situaciones extremas de vulnerabilidad. Una ciudad verdaderamente moderna y avanzada no es aquella que esconde la pobreza, sino aquella que es capaz de combatirla.

Resulta especialmente llamativo que mientras se multiplican los discursos sobre la imagen de la ciudad, la atracción de inversiones o la promoción turística, sigamos teniendo personas que carecen de algo tan básico como un hogar. Ninguna estrategia de marketing urbano puede ocultar esa realidad ni sustituir a las políticas públicas necesarias para garantizar derechos fundamentales.

Desde Movimiento Sumar defendemos que el sinhogarismo debe abordarse desde una perspectiva integral. Es necesario reforzar los recursos de atención social, ampliar las plazas de alojamiento, mejorar la coordinación entre administraciones y entidades sociales y desarrollar programas de acompañamiento que permitan a las personas recuperar su autonomía. Pero, sobre todo, es imprescindible actuar sobre las causas estructurales del problema.

La principal de ellas es el acceso a la vivienda. Necesitamos más vivienda pública, más vivienda asequible y más medidas que impidan que miles de personas queden expulsadas del mercado residencial. Porque la mejor política contra el sinhogarismo sigue siendo evitar que alguien pierda su hogar.

También debemos desterrar determinados prejuicios. Las personas sin hogar no son delincuentes, ni tampoco una amenaza para la convivencia. Son ciudadanos y ciudadanas cuyos derechos deben ser protegidos exactamente igual que los del resto de la población. La dignidad humana no depende del saldo de una cuenta bancaria ni de la dirección que figure en un documento de identidad.

Almería tiene la oportunidad de elegir qué tipo de ciudad quiere ser. Puede optar por una ciudad que aparta a quienes molestan a la vista o por una ciudad que afronta los problemas sociales con valentía, humanidad y justicia. Puede optar por la indiferencia o por la solidaridad.

Desde Movimiento Sumar lo tenemos claro. El objetivo no debe ser limpiar el centro de pobres. El objetivo debe ser acabar con la pobreza. Y la diferencia entre una cosa y otra es, sencillamente, la diferencia entre una política basada en la exclusión y una política basada en los derechos humanos.

José Francisco Cano de la Vega

Coordinador provincial de Movimiento Sumar Almería