Tras la celebración del encuentro entre Países Bajos y Marruecos, venciendo la Selección alauí en la tanda penaltis, un nutrido grupo de jóvenes marroquíes salió a las calles de El Ejido (Santa María del Águila) para “celebrar” el pase a octavos de la Selección Marroquí. La alegría inicial pronto mutó en algarada, exigiendo la presencia de la Policía Municipal y efectivos de la Policía Nacional, que sufrieron una andanada de pedradas y lanzamiento de objetos del mobiliario urbano. Igualmente, se produjeron destrozos que alcanzaron a varios locales comerciales, entre ellos la farmacia que no pudo abrir al día siguiente por los destrozos sufridos. Intentaron incendiar varias palmeras junto a la sucursal de Unicaja y cortaron el tráfico en varias vías urbanas desde que comenzaron los disturbios, sobre las cinco de la madrugada.
Fuentes de la Policía local y Policía Nacional destacaron la extrema violencia de estos jóvenes que, sin causa alguna que lo justificase, mostraron una actitud destructiva de todo lo que encontraban a su paso. Evidentemente, este proceder no se colige con el mantra del Gobierno de España apelando a la integración, arraigo y acomodo cívico y cultural de la inmigración, ahora, en vías de regularización masiva.
Como era de esperar, salvo contadísimas referencias en medios locales, la noticia no trascendió. Sin embargo, no hay que olvidar que la barriada ejidense de Santa María del Águila fue el epicentro de los “Sucesos de El Ejido” (febrero de 2000). Y fue en ese lugar y momento cuando se transmitió, con gran amplificación mediática, los inmerecidos e injustificados calificativos dirigidos a los ejidenses tildándoles de racistas, xenófobos y negreros.
Evidentemente, tal como se extrae de la información oficial de las comisarías, el desmesurado incremento de la inmigración ilegal es directamente proporcional al aumento de la delincuencia. Esto no es opinión. Es la constatación de la realidad evidenciada en los departamentos policiales de Extranjería, que están disponibles para quien quiera acceder a ellos.
Dadas las circunstancias, no se explica racionalmente el afán del Gobierno de España por incrementar sin control ni mesura el numero de inmigrantes que, con inusitada urgencia, se incorporan al proceso de regularización masiva que, dicho sea de paso, no se trata de aquellas personas que ya estaban aquí, sino que por el indudable efecto llamada han acudido de otros países de Europa e incluso de Asia. Esta circunstancia evoca el “papeles para todos”, que en otros tiempos clamaban los partidos de izquierdas, sindicatos afectos, oenegés y algunas organizaciones presuntamente humanitarias, hoy dirimidas en mafias virulentamente activas.
Podríamos justificar este dislate en el pánfilo buenismo del gobierno; pero nada más lejos. La ingeniería aplicada a la creación de nuevos votantes, magníficamente descrita por Feijoó, está detrás del proyecto sanchista para afianzarse en el poder. La nacionalización de nietos de los que emigraron represaliados por el franquismo nada tiene que ver con nietos, represalias y franquismo. En gran cantidad de casos, se trata biznietos o tataranietos de ascendientes que emigraron a “hacer las Américas” y, por ende, nada tenían que ver con el franquismo, la expatriación o la represalia.
Salvando las distancias, un país es una gran comunidad de vecinos. Los derechos y las obligaciones son argumentos imprescindibles para una buena convivencia. Asimismo, el uso y disfrute como la preservación de las instalaciones de las viviendas de la comunidad es un derecho y una obligación que compete exclusivamente a los propietarios. Sin embargo, para el Gobierno de España está plenamente justificado que a la reunión decisoria de la comunidad de vecinos pueda acceder, votar y decidir un vecino de otra comunidad o de otra provincia porque su abuelo una vez fue propietario del ático. Además, sería la primera vez en su vida que el nieto pisa el tranco de la puerta; jamás pagó un recibo de la comunidad; no tiene ni puñetera idea de quien es el presidente, ni cómo se rigen los estatutos de la comunidad… pero se arroga el derecho de decidir si cambian al presidente, si hay o no derrama o si se mantiene el mismo servicio de limpieza.
Volviendo al inicio, y ya que estamos la Copa Mundial de Fútbol; si el pase a octavos de Marruecos desencadenó los citados disturbios en El Ejido, ¿se imaginan una final entre España y Marruecos?