El AVE en la provincia de Almería es ese mito contemporáneo que viaja mucho más rápido en los mítines políticos que sobre las vías. Estamos a mediados de 2026 y, para variar, el debate ferroviario sigue estancado en el mismo bucle de reproches, rescatando fantasmas del pasado para tapar las vergüenzas del presente. El último episodio de esta comedia de enredo tuitera y parlamentaria lo protagoniza el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, quien ha vuelto a sacar pecho a costa de los ya legendarios túneles de Sorbas. Sin embargo, rascar un poco en la hemeroteca demuestra que la euforia gubernamental no es más que el enésimo intento de vender como un éxito lo que, en realidad, fue un monumento al absurdo electoralista.
Para entender la broma hay que rebobinar quince años. Corría el año 2009 cuando el Gobierno central, entonces presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, decidió que la mejor forma de demostrar que el AVE avanzaba en el sureste peninsular era empezar la casa por el tejado. O, mejor dicho, el túnel por el medio del campo. Con José Blanco como ministro de Fomento, se adjudicaron las obras del tramo que incluía el túnel de doble boca del Barranco de los Gafarillos, en Sorbas: una mole de siete kilómetros de longitud que se convirtió en el ojo derecho de la ingeniería civil de Andalucía. Se gastaron millones de euros, vino la tuneladora, se completó la obra y el Partido Socialista se deshizo en aplausos ante semejante hito. Había un pequeño detalle sin importancia: el espectacular túnel no venía de ninguna parte ni iba a ningún sitio. No había vías por delante, ni proyecto conectado por detrás; solo un tubo de hormigón aislado en mitad de la nada, ideal para hacerse fotos de campaña pero inútil para el transporte público.
Llegó el año 2011, cambiaron las tornas políticas y el Partido Popular asumió el Gobierno de España con Mariano Rajoy a la cabeza. Al encontrarse con semejante panorama, la entonces ministra de Fomento, Ana Pastor, junto a su secretario de Estado de Infraestructuras, Rafael Catalá, tuvo que gestionar la herencia de un "AVE fantasma". ¿Qué se hace con un túnel de siete kilómetros abandonado a la intemperie durante años mientras el resto de los tramos ni siquiera están proyectados? La respuesta, defendida en su día por el entonces diputado por Almería, Rafael Hernando, fue de un aplastante sentido común técnico: tapiarlo. Adif Alta Velocidad selló las bocas con bloques de hormigón por motivos de seguridad y, sobre todo, de mantenimiento, evitando que las inclemencias del tiempo, la humedad y el vandalismo destrozaran una inversión millonaria antes de que un solo tren pudiera acercarse a la zona.
Desde que en 2018 Pedro Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno mediante una moción de censura, el colectivo de opinión sincronizada de la izquierda ha repetido como un mantra litúrgico que el Partido Popular "lo único que hizo por el AVE en Almería fue tapiar los túneles". El relato era sencillo, masticado y apto para el consumo rápido en redes sociales.
La traca final ha llegado este mismo año. En febrero de 2026, Adif Alta Velocidad adjudicó por fin un contrato de 25 millones de euros para actuaciones complementarias en la plataforma ferroviaria que incluyen, ahora sí, la demolición de los muros de hormigón que sellaban Sorbas. Esto sirvió en bandeja la munición para que, hace apenas unos días en mayo de 2026, Óscar Puente presumiera en X afirmando que el anterior ejecutivo se gastaba el dinero en poner ladrillos en vez de hacer obras.
El problema de este hábil ejercicio de cinismo político es que el tiro sale por la culata al confrontarlo con el calendario. Si los muros se están tirando a mediados de 2026 porque es ahora cuando la infraestructura empieza a tener un atisbo de utilidad real con el montaje de las vías y las traviesas en el horizonte, queda demostrado científicamente que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero construyó esos túneles con una década y media de antelación y sin un plan global. Se enterró el dinero público para alimentar una ilusión óptica de progreso. Si el Partido Popular no los hubiera tapiado en 2014, hoy el Ministerio de Transportes no estaría retirando tabiques, sino reconstruyendo una estructura devorada por quince años de abandono.
Ninguno de los dos grandes partidos estatales puede colgarse medallas en la provincia de Almería respecto a la alta velocidad, pues ambos acumulan retrasos flagrantes y promesas incumplidas que retrasan sistemáticamente la conexión con Murcia. Sin embargo, pretender que la construcción prematura de un túnel aislado fue una genialidad y que su conservación fue un sabotaje es tomar por tontos a los ciudadanos. La demolición de los muros de Sorbas en pleno 2026 no celebra el desbloqueo del AVE; lo que evidencia es que el Partido Socialista diseñó una infraestructura con quince años de retraso respecto a su propia propaganda.