La magia de la Noche de Reyes, esa en la que los niños dejan sus zapatos relucientes junto al árbol y sueñan con la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar, se ha teñido este año de un blanco gélido en las zonas altas de la provincia. Mientras en la capital y el litoral las temperaturas se mantenían en valores más suaves, el interior ha amanecido cubierto por una capa de escarcha que ha convertido la madrugada en un auténtico paisaje polar.
La estación del Observatorio de Calar Alto, a más de 2.100 metros de altitud en la Sierra de los Filabres, ha registrado la mínima más extrema de la provincia: -11,6 °C. Un valor que, aunque habitual en este enclave astronómico conocido por sus noches claras y frías, ha recordado a los vecinos de la zona que el invierno andaluz puede ser implacable cuando una masa de aire frío se instala con decisión.
No muy lejos, en puntos como Suflí-Las Laborcicas (-5,6 °C), Serón-La Loma (-5,5 °C) y Laujar de Andarax (-5,4 °C, según datos de la AEMET), los termómetros han bailado en torno a los cinco grados bajo cero. Otras estaciones automáticas han completado el cuadro de esta noche gélida: Cañadas de Cañepla (-4,6 °C), Oria-Observatorio (-4,2 °C) y Chirivel-El Contador (-4,2 °C).
Estos registros llegan en el marco de un episodio de frío intenso que afecta a gran parte de España, con heladas generalizadas en el interior peninsular y valores que en puntos como Sierra Nevada han rozado los -17 °C. En Almería, aunque no se han activado avisos naranjas, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) mantenía alertas amarillas por bajas temperaturas y nevadas en cotas altas durante las jornadas previas, un eco de la borrasca que ha dejado paso a esta irrupción ártica.
En los pueblos del Almanzora, Los Vélez y la Alpujarra almeriense, los vecinos han despertado con los coches escarchados y los campos blanqueados por la helada.
Mientras los niños abrían sus regalos al calor de las chimeneas o las estufas, el interior de Almería recordaba que, incluso en el sur de España, la epifanía puede llegar acompañada de un aliento helado. Una Noche de Reyes para recordar, no solo por la ilusión, sino por el termómetro que se negó a subir del cero.