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Verónica Forqué, Roberto Álamo, Julián López y Andrea Duro en la última actividad de FICAL 2020

Verónica Forqué, Roberto Álamo, Julián López y Andrea Duro en la última actividad de FICAL 2020

sábado 21 de noviembre de 2020, 21:05h

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El Teatro Cervantes ha recibido esta tarde, en un ambiente distendido y confidente, una nueva mesa redonda de Movistar +

Como los bises de un concierto o un bonus track de un álbum musical, el Festival Internacional de Cine de Almería (FICAL) ha tenido esta tarde un fantástico y distendido epílogo en el Teatro Cervantes con el que cerrar las actividades del programa con una mesa redonda de Movistar +, que ha contado con la participación de cuatro divertidos y reconocidos actores, “que curiosamente no se conocían entre ellos y que seguro que a partir de hoy guardarán un gran recuerdo de esta tarde”, tal y como ha comentado su moderador, Luis Aguirre. Y, además, con el valor añadido de representar a distintas generaciones y formas de llegar a la profesión, como son Verónica Forqué, Roberto Álamo, Julián López y Andrea Duro.

Ha sido, ante todo, una mesa redonda más humana que otra cosa. De hecho, el elenco ha hablado de cómo han pasado los meses de confinamiento y la posterior desescalada y también han revivido los momentos más icónicos de su carrera, como las emociones de su primera remuneración como intérpretes o los recuerdos más mágicos, divertidos o incómodos que le ha brindado su carrera.

Verónica Forqué, que ayer mismo tuvo función en Alcalá de Henares, ha asegurado que laboralmente prefiere tener la incertidumbre de saber qué vendrá de poco a poco “y no tener muchos proyectos cerrados para todo el año, que el factor sorpresa se diluye”. Roberto Álamo, por su parte, ha lamentado “ante todo el no poder tener cerca a los seres queridos y ha reivindicado la importancia “del afecto demostrado”. Julián López ha comentado que “ha servido para darse cuenta de que no hacen falta tantas cosas para vivir”, mientras que Andrea Duro ha lamentado que “profesionalmente era un buen momento y este parón e incertidumbre en un momento laboral bueno, genera algo de inquietud”.

En cuanto a qué serían en la vida de no dedicarse a la interpretación, Forqué ha recordado que de pequeña quería ser “enfermera y sevillana. Lo primero para ayudar a la gente, así que daría clases de teatro en la cárcel, mayores o personas con discapacidad, y sevillana porque me gustaba lo artista”. Roberto Álamo ha evocado su primer día como delineante y cómo salió del estudio cuando se vio como uno más, con bata blanca y en la mesa de dibujo, y ha comentado la reciente publicación de su libro de poemas, ‘Amantes Venía de Amar’, del que al final de la mesa ha leído uno de ellos. En la parte cómica, Julián López ha presumido de su habilidad adquirida a la hora de cocina lentejas pero, más serio, ha puesto en valor el poder de la música como generador de emociones, “he escuchado discografías cronológicamente, de Beatles, Queen… Haría eso con los niños, hacerles ver que la música es un alimento para el ser humano, que te hace mejor persona”. Por último, Andrea Duro no lo ha tenido claro, “pero seguro que tendría que ver con algún tipo de arte, seguramente escribir”.

En cuanto a las primeras remuneraciones, de todo un poco. Desde las bien pagadas 500 pesetas a la semana de Verónica Forqué en 1975 con la compañía de Nuria Isbert, a los 600 euros por sesión de Andrea Duro con 15 años, pasando por las mutiladas de 11 a 2 frases de Roberto Álamo en ‘La Casa de los Líos’. “Arturo Fernández reescribió esa parte y me dejó solo dos”, ha recordado entre risas. Aquello le valió 93.000 de las antiguas pesetas, que se gastó al día siguiente en una guitarra Yamaha. En el caso de Julián López casi que le salió a pagar, porque fueron 60 euros en el año 2000, en una especie de piloto similar a lo que sería después ‘La Hora Chanante’, “pero claro, tuve que ir desde El Provencio a Madrid. Perdí seguro”.

Para terminar, en lo que podría encuadrarse como ‘recuerdo mágico-inolvidable’, Julián López ha rememorado cómo acabo cenando en una mesa sólo, “como los niños en las bodas”, mientras Javier Cámara y su admirado Edgar Ramírez hablaban “de cosas de mayores”. Roberto Álamo ha detallado cómo su hermana consiguió reunir a más de 40 excompañeros de colegio en una función de ‘Urtaín’ hasta el punto de hacerle creer que había perdido la cabeza.

Por su parte, Verónica Forqué y Andrea Duro han relatado momentos ‘premonitorios’. “En el 86 sentí que el papel de ‘Ay Carmela’ iba a ser mío y así lo hice”, ha dicho la primera mientras que la segunda recibió una llamada de su representante cuando ella iba a hacer lo propio a cuenta del papel vacante en ‘La Catedral del Mar’, además de agradecer “el lado bueno de la fama” cuando una adolescente la reconfortó en silencio, “pese a reconocerme, en un momento en el que estaba llorando desconsolada por una ruptura”.

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