El Partido Socialista de la capital almeriense ha vuelto a hacer gala de su especialidad de la casa: la matemática de la división perfecta. Tras el recuento de las primarias para elegir a la persona que encabezará la candidatura a la alcaldía en mayo de 2027, la victoria de Fátima Herrera sobre Antonio Ruano por apenas 41 votos de diferencia confirma que la agrupación local no es que tenga dos corrientes, es que vive francamente instalada en la fractura exacta.
Para Antonio Ruano, el resultado de este proceso interno tiene un regusto a déjà vu tirando a cruento. Le ocurrió exactamente lo mismo cuando se presentó para la secretaría general de la agrupación municipal socialista de la capital, unas primarias en las que se impuso Juan Francisco Colomina. Lo verdaderamente significativo de ambos episodios no es solo el nombre del eterno candidato alternativo, sino la insignificante brecha entre el vencedor y el vencido. Es la constatación de un partido dividido en dos mitades simétricas donde, desde aquella votación orgánica para la secretaría general hasta el día de hoy, el avance en materia de integración ha sido exactamente cero.
Llegar a unas elecciones municipales con la casa dividida de arriba abajo es un error de libro en cualquier formación politica, pero en la capital resulta sencillamente un suicidio táctico. Enfrente opera un Partido Popular que suma más de dos décadas consecutivas al frente del Ayuntamiento de Almería —actualmente bajo el mando de la alcaldesa María del Mar Vázquez— y que cuenta con una maquinaria electoral engrasada. Incluso en la peor de las hipótesis para los populares, en un escenario hipotético donde sufrieran un desgaste de escaños, la derecha sabe que la barrera del cordón sanitario hacia Vox está dinamitada desde hace tiempo. El PP siempre podrá sumar con la formación de extrema derecha. Mientras tanto, a la izquierda del PSOE el panorama roza la desolación. Ya se vio en las pasadas elecciones autonómicas de la Comunidad Autónoma de Andalucía, donde tanto el PSOE como la coalición Por Andalucía sufrieron un desplome electoral, mientras que el único espacio que aguantó el tipo fue Adelante Andalucía, esa izquierda no alineada con la disciplina del aparato socialista.
Lejos de intentar zurcir el tejido interno tras las continuas heridas electorales, la dirección del partido ha preferido la vía del escarmiento. Hace apenas un tiempo se ejecutó una reconfiguración del grupo municipal socialista en el Ayuntamiento donde se optó por dejar sin sueldo a Antonio Ruano. En lugar de tender puentes con el sector que representa casi a la mitad de la militancia, se prefirió dinamitar cualquier vía de entendimiento interno, acusándole incluso de vagancia.
Con este panorama, la pregunta que surge es demoledora: ¿por qué habrían de votarles los almerienses? Pretender que la ciudadanía de la ciudad elija la papeleta del PSOE únicamente porque el PP lleva muchos años en el gobierno municipal es pecar de una candidez pasmosa. El voto se construye sobre trayectorias, y la del PSOE en la capital invita a todo menos a la confianza. ¿Cuál fue el balance de la etapa con Adriana Valverde al frente? ¿Por qué se insistió en volver a presentarla como candidata tras cosechar unos resultados manifiestamente mejorables en su primer intento? Y si se echa la vista más atrás en la hemeroteca, ¿por qué se encargaron de defenestrar a Juan Carlos Pérez Navas, que fue el referente socialista que mejores resultados cosechó para este partido desde que están en la oposición, dándole un subidón de dos concejales?
El día a día tampoco ofrece síntomas de recuperación. Basta con acudir a los plenos municipales para observar quién asume la defensa de los temas más controvertidos o quién defiende con vehemencia las posturas de calado, y no suele ser el oficialismo que ahora ha ganado. La agrupación socialista de la capital lleva un tiempo alarmante sin convocar ruedas de prensa, con una presencia en entrevistas prácticamente nula y fiándolo todo al envío de frías notas de prensa. El trabajo a pie de calle no sale mejor parado. En una actividad donde la clase política vive de la foto con colectivos, asociaciones de vecinos y entidades sociales, les invito a repasar los últimos seis o diez meses de la agrupación socialista de la capital para contar cuántas fotografías existen de sus dirigentes reunidos con el tejido asociativo para abordar los problemas reales de los barrios.
Si se combina lo visto en los plenos, la ausencia de ruedas de prensa y entrevistas, el distanciamiento flagrante con los colectivos sociales y una pugna interna cronificada que no ha cambiado con la elección de Juan Francisco Colomina que ahora se consolida con Fátima Herrera, la duda es inevitable. ¿Cuál es el plan del PSOE para la capital de cara a 2027? Porque, a día de hoy, más que un proyecto para ganar la alcaldía, lo que proyectan hacia la ciudadanía es un impecable ejercicio de autodestrucción.