Cuando llegue el fin de semana habrán pasado 45 años desde que unos 120.000 almerienses dijeron Sí a la pregunta "¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo ciento cincuenta y uno de la Constitución a efectos de su tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?", que se podía traducir en algo así como "¿Quiere usted que Andalucía tenga autonomía plena ya?", a lo que alrededor de 11.000 almerienses dijeron no.
Lo cierto es que echando la vista atrás, y más allá de cuestiones políticas, basta mirar la Almería de hace medio siglo y la de ahora para comprobar lo bien que le ha sentado en todos los aspectos. No es que no tenga déficit, que los tiene, como la propia Andalucía, pero la trayectoria socioeconómica de Almería durante las últimas décadas representa uno de los procesos de modernización más intensos de todo el Estado español. Según los datos recopilados por el Instituto de Estadística y Cartografía de la Junta de Andalucía, la provincia ha experimentado una metamorfosis integral que afecta desde su estructura productiva hasta su capacidad financiera.
La economía de la provincia de Almería ha experimentado un crecimiento vertiginoso que queda patente al observar la evolución de su Producto Interior Bruto, que ha pasado de los 14.072.765 miles de euros registrados en el año 2008 a los 22.095.192 miles de euros en 2025. Este aumento sostenido de la riqueza global ha repercutido directamente en los ciudadanos del territorio almeriense, cuyo Producto Interior Bruto per cápita se ha elevado desde los 21.121 euros hasta alcanzar los 28.424 euros actuales. Según los datos consolidados por el Instituto de Estadística y Cartografía de la Junta de Andalucía, la estructura sectorial de esta riqueza también ha mutado significativamente desde 2008 hasta 2023, consolidando un modelo donde los servicios crecieron del 64,1 al 67,4 por ciento y la agricultura aumentó su peso del 14,1 al 18,9 por ciento. Por el contrario, la construcción sufrió un drástico descenso, pasando de representar el 14,3 por ciento a tan solo el 5,2 por ciento, mientras que la industria y la energía lograron un leve ascenso del 7,5 al 8,5 por ciento del total económico.
El verdadero motor de este milagro económico en Almería reside en su agricultura, que ha transformado sus volúmenes y prioridades. La producción total ha escalado desde las 2.617.921 toneladas de 1999 hasta los impresionantes 4.020.567 toneladas proyectadas para 2025, un volumen que coincide exactamente con la producción dedicada en exclusiva a las hortalizas, que en 1999 apenas suponían 177.042 toneladas. Paralelamente, los cítricos han protagonizado una subida espectacular, pasando de 25.990 a 225.342 toneladas, y el olivar para aceituna creció de 11.721 a 40.711 toneladas, al igual que los frutales no cítricos, que subieron de 6.411 a 13.392 toneladas, y los tubérculos, que pasaron de 4.745 a 8.850 toneladas.
Sin embargo, no todos los cultivos han seguido esta senda expansiva en la geografía almeriense; los cereales descendieron de 45.887 a 31.226 toneladas, la producción de aceite de oliva cayó de 26.792 a 7.500 toneladas y el viñedo para uva se redujo a la mitad, cayendo de 10.225 a 5.000 toneladas, lo que explica también el desplome en la elaboración de vino y mosto, que pasó de 92.935 a tan solo 6.977 hectolitros. A menor escala, los cultivos forrajeros aumentaron ligeramente de 648 a 919 toneladas y las leguminosas en grano pasaron de 115 a 546 toneladas, mientras que aparecieron nuevas tipologías estadísticas como los cultivos industriales leñosos y herbáceos, que de no tener registro en 1999 han marcado 118 y 18 toneladas respectivamente en 2025.

Este dinamismo primario en Almería encuentra su reflejo en una ganadería y pesca que muestran tendencias dispares. Mientras que el sector porcino ha vivido una explosión en su cabaña, pasando de 292.507 cabezas en 1998 a 708.963 en 2024, el resto de los animales han visto mermada su presencia. El ganado ovino se redujo de 244.606 a 128.728 cabezas, el caprino descendió de 146.627 a 122.035, el bovino cayó sutilmente de 2.899 a 2.279 y el equino bajó de 8.330 a 6.385 ejemplares. Por su parte, el sector pesquero ha mantenido una estabilidad asombrosa a lo largo de las últimas dos décadas; las capturas de crustáceos variaron apenas de 631 toneladas en 2003 a 636 en 2025, los moluscos pasaron de 286 a 279 toneladas y los peces experimentaron un leve incremento de 6.099 a 6.245 toneladas en las lonjas de la provincia.
La internacionalización de este volumen productivo ha convertido a la provincia en un referente exportador en todo el Estado español. En 1990, las importaciones apenas sumaban 104.572 miles de euros y las exportaciones alcanzaban los 273.099 miles de euros, arrojando un saldo positivo de 168.527 miles de euros. Treinta y cinco años después, en 2025, las importaciones se han disparado hasta los 3.857.036 miles de euros, pero las exportaciones han protagonizado un crecimiento aún más formidable hasta situarse en 5.948.961 miles de euros, lo que otorga a Almería un abrumador saldo a favor de 2.091.925 miles de euros. Este flujo comercial requiere de una potente red logística, donde el tráfico marítimo de mercancías se ha corregido a la baja, pasando de 6.999.855 toneladas en 2005 a 5.841.302 en 2025, en contraste con el volumen de pasajeros, que ha crecido de manera exponencial desde los 235.686 viajeros registrados en 1980 hasta los 796.050 contabilizados en 2025.
Todo este engranaje económico está sustentado por un tejido empresarial que no ha dejado de fortalecerse y crecer en tamaño. El número total de empresas radicadas en Almería avanzó de 24.772 en 2011 a 30.445 en 2025, aumentando simultáneamente su tamaño medio de 6,6 a 8,3 asalariados por firma. El reparto de estas sociedades evidencia el empuje del sector terciario, ya que el resto de servicios pasó de acaparar el 30,7 por ciento con 7.601 empresas a dominar el 38,6 por ciento con 11.747 negocios. En este mismo periodo, la agricultura redujo su cuota porcentual del 26,9 al 24,5 por ciento, aunque en cifras absolutas aumentó de 6.652 a 7.463 sociedades, y la hostelería creció del 9,1 al 9,7 por ciento, pasando de 2.251 a 2.941 locales. Por el contrario, el comercio descendió del 19,9 por ciento con 4.930 empresas a un 16,6 por ciento con 5.053, la construcción bajó del 7,8 por ciento con 1.943 sociedades al 6,5 por ciento con 1.979, y la industria menguó del 5,6 por ciento con 1.395 firmas al 4,1 por ciento con apenas 1.262 empresas.
El músculo financiero que soporta este tejido ha crecido a un ritmo inusitado en España, evidenciando una capacidad de ahorro y endeudamiento sin precedentes. Los créditos concedidos por el sistema bancario provincial han escalado desde los 877 millones de euros contabilizados en 1987 hasta los 15.390 millones en 2024, un periodo en el que los depósitos guardados por los almerienses pasaron de 1.121 millones de euros a la notable cifra de 13.857 millones. Paradójicamente, este crecimiento crediticio contrasta fuertemente con la evolución de la vivienda y la construcción, sectores que reflejan un cambio de era.
El número de hipotecas firmadas cayó a la mitad, desde las 32.899 registradas en el año 2003 a las 13.111 en 2025, lo que rebajó el importe total prestado de 3.075.806 miles de euros a 1.570.483 miles de euros, aunque el importe medio de cada préstamo se encareció de 93.492 a 119.784 euros. Este encarecimiento corre parejo al precio del metro cuadrado, que se ha triplicado al pasar de los 434 euros en 1995 a los 1.342 euros en 2025. La ralentización inmobiliaria es evidente en el ritmo de edificación, ya que las viviendas terminadas cayeron de 4.460 en 1983 a solo 1.442 en 2024, y el consumo eléctrico del sector industrial y de construcción también se redujo, pasando de 595.305 megavatios hora en 2004 a 409.301 megavatios hora en 2025.
Finalmente, el sector turístico, pilar estratégico de los servicios en Almería, ha consolidado un modelo que prima el gasto sobre la duración del viaje. El número de turistas recibidos anualmente subió de 2.355.518 en 1998 a 2.697.421 en 2025. Sin embargo, la estancia media se ha desplomado a la mitad, cayendo de 11,2 a 5,7 días, mientras que el gasto medio diario por visitante se ha más que duplicado, ascendiendo de 31,3 euros a 73,7 euros. Para acoger a estos visitantes, la provincia ha diversificado y ampliado su capacidad de alojamiento; las estancias en hoteles crecieron de 4.938.666 en 2005 a 5.297.958 en 2025, el uso de campings saltó de 484.416 a 976.674, los apartamentos turísticos escalaron de 850.330 a 1.101.304, y el turismo rural, la opción que mayor empuje porcentual demuestra, triplicó sus cifras pasando de 21.546 a 74.450 estancias.