El 28 de febrero se conmemora un nuevo aniversario del histórico referéndum por la autonomía de la comunidad andaluza, una fecha clave para el Estado español que dejó una profunda huella política e institucional. Durante décadas ha pervivido la creencia popular de que la provincia de Almería votó mayoritariamente en contra de este proceso, un relato que los datos históricos y sociológicos desmienten categóricamente.
La realidad de las urnas demostró que los apoyos afirmativos fueron casi diez veces superiores a los rechazos. Sin embargo, las estrictas condiciones establecidas para la consulta pactadas entre la UCD y el PSOE, exigían que los votos favorables superaran la mitad del censo electoral en cada una de las ocho provincias, no solo de los sufragios emitidos. Al sumar la abstención, los votos nulos, los sufragios en blanco y las papeletas negativas, por un puñado de votos, la cifra de apoyos resultó insuficiente para alcanzar ese exigente umbral matemático en Almería.
Este particular e inédito requisito legal provocó que el referéndum no superara el corte exigido en la provincia, lo que a su vez desencadenó la pérdida formal de la consulta en todo el territorio andaluz y un posterior bloqueo político que obligó a buscar acuerdos para el desbloqueo del proceso autonómico. Y es que el Sí había ganado conforme a la norma, en siete provincias, y en la que no había logrado ese umbral, la voluntad era nítida al ser diez veces más los afirmativos que los negativos.
Para comprender mejor la voluntad real de la ciudadanía en Almería durante aquella época, resulta revelador el análisis detallado de los estudios de opinión previos. En este sentido, el libro "Por Andalucía libre, la posverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza" realiza un exhaustivo repaso de las encuestas publicadas por el Centro de Investigaciones Sociológicas en los meses anteriores a la cita con las urnas. Este libro rescata un sondeo realizado en enero de 1980 que refleja con absoluta nitidez cuál era el verdadero sentir de los habitantes frente a la consulta, más allá del voto.
El estudio demoscópico se caracterizó por utilizar un cuestionario con preguntas marcadamente inductivas, diseñadas en un contexto donde el partido en el Gobierno, la Unión de Centro Democrático, promovía activamente la abstención desde Madrid, aunque en Andalucía se movía precisamente en sentido contrario, reclamando el Sí al artículo 151, como el resto de formaciones andaluzas.
Las cuestiones planteadas a los encuestados insistían en contraponer la postura gubernamental, partidaria de un acceso lento a la autonomía, frente a la vía rápida defendida por las fuerzas de izquierda. A pesar de este enfoque dirigido y de que la formación centrista gobernaba de manera hegemónica en los principales ayuntamientos y en la Diputación de Almería, las respuestas de los ciudadanos mostraron una clara inclinación hacia la participación democrática.
LA ENCUESTA
Al preguntar sobre la idea de la autonomía sugerida por el Ejecutivo central, un 24,4% de los residentes en Almería la consideró una buena idea, mientras que un 9% la calificó de mala y un 8,7% de muy buena, sumando así un respaldo que superaba el tercio para las tesis gubernamentales.
Sin embargo, cuando se interrogó sobre la intención de participar en el referéndum, que se celebraría en apenas unas semanas, las cifras revelaron una determinación incontestable. Un 51% de los encuestados afirmó con toda seguridad que acudiría a votar, a los que se sumó un 10% que indicó que probablemente lo haría. Esto evidenció que más del 60% del electorado en Almería tenía intención de acercarse a las urnas, desafiando abiertamente la consigna de abstención de su partido mayoritario, una postura de inacción que solo fue secundada expresamente por un 10% de los participantes en el sondeo.
Y este es un elemento clave frente a quienes sostienen que los almerienses abstencionistas lo hicieron para mostrar su rechazo. No fue así, tenían intención de acudir, y solo el 10% tenía claro que no acudiría las urnas por estar alineados con la UCD central que, no rechazaba tampoco la autonomía, sino la vía del 151.
Entre aquellos ciudadanos que confirmaron su intención de participar, el sentido de su voto dejaba poco margen a las dudas sobre el deseo de alcanzar el autogobierno. Un 44% manifestó su intención de votar a favor, mientras que apenas un 5,7% planeaba oponerse y un 1,5% optaría por el voto en blanco. Es reseñable que un amplio 47,5% admitió no tener claro todavía el sentido exacto de su papeleta en ese momento. Es decir, que entre los que quería acudir a votar había personas que no sabían qué decidir.
Por otro lado, al indagar en los motivos de quienes planeaban no votar, un 36,7% argumentó falta de interés general en el asunto, un 20% justificó su ausencia por preferir la autonomía más lenta que solicitaba el partido del Gobierno, y un llamativo 23% explicó su inacción alegando un evidente hartazgo al considerar que ya se habían celebrado demasiadas votaciones que, a su juicio, no servían para nada.
RECUERDO DE VOTO
Estos resultados adquieren una dimensión mucho más reveladora al cruzarlos con el recuerdo de voto de los propios encuestados correspondientes a las elecciones generales de marzo de 1979. Un 32,3% recordaba haber respaldado a la formación centrista en el poder, situándose muy por delante del 17,7% que apoyó al PSOE o del 4,7% que se decantó por el Partido Comunista.
Dicho de otro modo, los almerienses se rebelaron contra el partido al que mayoritariamente habían votado, al estar dispuestos a ir a las urnas. Aunque lo cierto es que, como ya hemos indicado, la UCD en Andalucía hacía campaña por el Sí, con Manuel Clavero Arévalo a la cabeza, lo que explica que la práctica todalidad de ayuntamientos de la provincia y la Diputación hubiesen suscrito la petición de referendum previa.
Esta completa radiografía sociológica constata que, incluso con un escenario político adverso y fuertemente dominado por un partido que pedía explícitamente no acudir a las urnas, la población en Almería mantenía un firme propósito de ejercer su derecho a decidir y apostar de forma mayoritaria por la vía rápida.
La historia real del referéndum no fue, por tanto, la de un rechazo territorial, sino la de una victoria abrumadora del sí que únicamente fue frenada por las complejas exigencias de la ley electoral sobre el censo. Y la abstención no fue fruto de un rechazo a la autonomía en general, ni a la vía del 151 en particular, sino culpa de la terrible emigración que vivía esta provincia a la que en 45 años se le ha dado la vuelta para ser tierra de inmigración, y de la legaña y el esparto, a ser la mayor potencia agrícola de la península ibérica.