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#COVID19 día 94
Vamos a contar conspiraciones, tralará

martes 16 de junio de 2020, 20:08h

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El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua no recoge la palabra conspiranoia, pero estoy convencido de que algún día lo hará, porque es un neologismo cargado de más fuerza semántica que muchas otras que aparecen en este registro, que es para lo que ha quedado aquello de “limpiar, fijar y dar esplendor” al idioma de Cervantes, que en realidad lo era de Nebrija, a quien sus contemporáneos criticaban por haber hecho una gramática “andaluza” en vez de castellana.

Los conspiranoicos son quienes se abonan a toda clase de teorías de la conspiración, hasta el punto de convertirlas en paranoia, que para novelas, series y películas está muy bien, pero me temo que la vida real es bastante más prosaica.

O no.

Una pandemia como la actual solo era materia de ficción. La posibilidad de que un virus salido de un mercado de China acabara generando millones de contagiados con miles de muertos en todos el mundo, era del todo inconcebible y como mucho, se consideraba a efectos de simulacro. Pero ha ocurrido.

Quiero decir con esto, que establecer una teoría conspirativa sobre el origen de coronavirus COVID19 no es difícil, solo hace falta echarle ganas.

Si aceptamos la teoría propuesta en 1930 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en un cuento llamado Chains, y que en la década de 1950, Ithiel de Sola Pool (MIT) y Manfred Kochen (IBM) se propusieron demostrar matemáticamente, todas las personas del mundo estaríamos interconectadas en un máximo de seis grados. De este modo, si en nuestra vida conocemos unas cien personas, y cada una de ellas otras tantas, y así hasta seis niveles, según esta teoría, el mundo sería un pañuelo y todos conoceríamos a alguien que conoce a alguien.

A partir de ahí podemos construir una estupenda teoría de la conspiración sobre lo que queramos, y ahora solo basta que en nuestro mundo moderno, con las tecnologías de la comunicación al alcance de cualquiera, la idea corra como la pólvora, porque siempre hay incautos con ganas de creer cualquier cosa que llene su pobre existencia, que le permita comprender por qué es un incomprendido.

Ahora sale Miguel Bosé, que era un chico que cantaba, con millones de seguidores en Twitter, y lanza cuatro mensajes sobre el COVID19 y el fundador de Microsoft, Bill Gates, y hay quien le pone como autoridad en la materia aunque objetivamente sea mentira el 80% de lo que afirma, y el otro 20% es él quien no puede probarlo.

No sé si llamar exótico a Bosé, o hacerlo con el arzobispo Cañizares, quien desde el púlpito, y con las mismas pruebas que el otro, se lanza a condenar las vacunas contra el coronavirus porque se experimentan con fetos abortados, y lo hace igualmente sin aportar ni un solo dato, mostrando una curiosa mayor preocupación por los muertos que por los vivos.

Pero si tenemos un artista y un religioso, ya solo nos falta el intelectual, que es el presidente de la Universidad Católica de Murcia, José Luis Mendoza, vincula la pandemia a una alianza en la que mezcla a Gates, al multimillonario de izquierdas George Soros, y la inoculación de nanobots en nuestro cuerpo mediante vacunas… vacunas que aún no existen pero de las que ellos lo saben todo.

La verdad es que Mendoza es un ultracatólico, lo cual sin duda le nubla un poco la visión científica, pero da bastante miedo pensar que está al frente de una Universidad, y para que nadie vea esto una crítica exclusiva contra una religión, hay que recordar que Louis Abdul Farrakhan, refundador de la organización norteamericana Nación del Islam, y que coincide con los anteriores en su rechazo a los homosexuales por ejemplo, pues ya ha sermoneado a sus seguidores parecidos argumentos.

No parece que ninguno de los mencionados pueda ser considerado una autoridad en materia sanitaria, ni médica, ni tampoco se le conocen investigaciones propias, y se limitan a ser altavoz de cosas que han oído, que alguien les ha contado, y de lo que no se han tomado ni diez minutos para contrastar.

Por hacer lo que esta gente hace, un periodista acabaría condenado y desacreditado. Pero ellos no, todo lo contrario… sus followers aumentan.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia" y de "Más allá del cementerio azul".