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Despacito (y sin buena letra)

Despacito (y sin buena letra)
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Por Rafael M. Martos
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directornoticiasdealmeriacom/8/8/26
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lunes 02 de febrero de 2026, 06:00h
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Hace unas semanas, al pie de esa joya arquitectónica y sentimental que es la antigua estación de ferrocarril, en el que el silencio atronó más que cualquier locomotora que haya pasado por allí en las últimas décadas. Recordábamos a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz. En ese contexto de luto y microfonos, se nos ocurrió la impertinencia de preguntar a los representantes sindicales ferroviarios si el tren en esta provincia era seguro. La respuesta fue de esas que, si no te hacen llorar, te provocan una carcajada histérica: sí, es seguro, pero porque va muy despacio.

Ahí lo tienen. El secreto de la seguridad ferroviaria en Almería no reside en la tecnología punta, ni en los sistemas de frenado automático de última generación, sino en la física de la inercia aplicada a la resignación. Si el tren no se mueve, no puede descarrilar. Y si se mueve a la velocidad de un paso de Semana Santa, el riesgo se minimiza tanto como la paciencia del viajero. Nos vendieron la seguridad como un logro técnico cuando, en realidad, era una confesión de impotencia: reducimos la marcha en los puntos conflictivos y rezamos para que la infraestructura del siglo XIX aguante un día más.

El problema es que la seguridad por lentitud es un oxímoron logístico. Uno se sube a un tren para llegar a algún sitio antes de que le cambie el estado civil, no para realizar un ejercicio de contemplación paisajística segura. Si la solución para no sufrir accidentes es tardar diez horas en llegar a Madrid, quizás la alternativa más segura sea ir andando; al menos se hace cardio.

Pero no se crean que esto es una exclusiva de nuestra esquina peninsular. La tendencia se ha globalizado en todo el Estado. Adif, ese ente gestor que a veces parece gestionar más excusas que vías, ha decidido que la "Alta Velocidad" es un concepto demasiado estresante para los tiempos que corren. Hemos visto cómo se han reducido las velocidades en numerosos tramos de la red estatal a consecuencia del accidente, convirtiendo el AVE en un "AVE César, los que van a llegar tarde te saludan". La Alta Velocidad española está dejando de ser alta para ser, simplemente, velocidad a secas. A veces, ni eso.

Y aquí entra en juego el ilusionismo administrativo del Ministro de Transportes, Óscar Puente. Hasta hace nada, existía un contrato tácito, casi sagrado: si el tren llegaba tarde, Renfe te devolvía el dinero. Era el compromiso de puntualidad, una rareza en un país donde la impuntualidad es patrimonio cultural. Pero el ministerio ha decidido que eso de devolver el importe íntegro por retrasos de 15 o 30 minutos era insostenible. Ahora, se han acogido a la normativa europea mínima, mucho más laxa, para que la devolución no sea automática ni generosa... y ahora ya ni eso, porque te informan que tras la bajada de velocidad llega la bajada de derechos, y ya, aunque llegue tarde, no hay compensación. Han cambiado las reglas del juego a mitad de partido: bajan la velocidad de los trenes por "mantenimiento" (eufemismo de "no damos abasto") y, simultáneamente, eliminan su derecho a ser indemnizado por ello (en realidad de indemnización nada, tú pagas por algo y no te lo dan, así que lo justo es que te devuelvan tu dinero). Una jugada maestra del trile institucional.

Para el ciudadano almeriense, esto ya no es un agravio, es una tomadura de pelo de dimensiones bíblicas. Llevamos décadas con un tren que es penoso, con frecuencias que se pueden contar con los dedos de una mano (y sobran dedos), y viajando sobre vías que se trazaron cuando la reina regente María Cristina aún tenía los dientes de leche. No tenemos AVE, ni cercanías, ni corredor mediterráneo terminado. Somos la aldea gala de la desconexión.

Lo más sangrante es la ironía del destino. Nos hemos pasado años reclamando la Alta Velocidad, soñando con ese AVE que nos conectaría con el resto del Estado y con Europa. Y ahora, justo cuando las obras parecen avanzar (a su ritmo geológico, claro), resulta que el concepto de AVE se está desmantelando en el resto de España. Es muy probable que, para cuando el AVE llegue a Almería, la "Alta Velocidad" ya no signifique ir rápido, sino simplemente ir. Nos van a vender como lujo un servicio que, en el resto del territorio, ya están rebajando a categoría de cercanías glorificado.

Queridos sufridores del raíl, la conclusión es clara: es seguro. Pueden subir al tren con la tranquilidad de que, a este paso, la probabilidad de un accidente por exceso de velocidad es nula. Lo único que corre peligro real es su tiempo, su dinero y, sobre todo, su dignidad.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"