El patrimonio arquitectónico de la provincia de Almería ha sufrido un nuevo revés tras la reciente inclusión del cortijo de los Góngora, también denominado cortijo Bellavista, en la conocida Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra. Este singular edificio residencial unifamiliar, cuya construcción data de finales del siglo XIX, concretamente entre los años 1885 y 1889, atraviesa desde hace años una etapa de grave deterioro.
Las instalaciones se encuentran en la actualidad completamente vandalizadas, con sus fachadas e interiores repletos de grafitis y acumulando basura de todo tipo. Para intentar frenar el expolio y la degradación, los accesos al inmueble han sido tapiados, perdiendo por completo los espléndidos jardines que en el pasado lo rodearon y caracterizaron.
La relevancia histórica de este enclave para la capital y la provincia es notable. El inmueble está situado en la zona de la Molineta, en el mismo límite periurbano de Almería, justo en la confluencia de dos ramblas. En sus orígenes, la propiedad perteneció a la familia Góngora y formaba parte de una extensa finca latifundista que llegaba a abarcar hasta los límites del término municipal de Alhama de Almería.
La infraestructura de la finca destacaba por su avanzada ingeniería agrícola para la época, ya que disponía de un suministro de agua propio y de la comunidad de regantes que procedía directamente de las fuentes de Benahadux. Todo este caudal se gestionaba mediante un complejo sistema hidráulico de conducción compuesto por atarjeas y acueductos ejecutados en sólida obra de fábrica.
Además de su valor arquitectónico y agrícola, el recinto guarda una estrecha relación con la historia cinematográfica rodada en el Estado español, una industria que tanto impacto ha tenido históricamente en suelo almeriense. En el año 1975, el cortijo fue elegido como escenario principal para el rodaje de la célebre película internacional titulada El viento y el león. La cinta, dirigida por el reconocido cineasta estadounidense John Milius y protagonizada por actores de la talla de Sean Connery y Candice Bergen, dejó constancia audiovisual de la época dorada de este recinto. Para la filmación, el cortijo se transformó en una ostentosa casa palaciega bautizada en la ficción como Villa Pedecaris, engalanada con marcados aires árabes y frondosos jardines por los que paseaban pavos reales en libertad, mientras los estanques albergaban peces y los lujosos establos acogían caballos.
El declive de este importante bien patrimonial comenzó décadas atrás y se acentuó a lo largo del convulso siglo XX. Durante un tiempo, el cortijo fue mantenido por un vecino colindante que recibió el encargo de los propietarios para cuidarlo durante su ausencia. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil obligó a los dueños a abandonar definitivamente la vivienda, la cual terminó siendo ocupada por la Falange.
Frente a la situación actual de abandono continuado, diversos colectivos y defensores del patrimonio han elevado propuestas formales ante la Junta de Andalucía, a través de su consejería competente, para que se inicien de manera oficial los trámites administrativos necesarios que permitan declarar el histórico edificio como Bien de Interés Cultural, garantizando así su preservación futura.