Si nos atenemos a los datos que nos aporta la policía, España se viene convirtiendo desde hace algunos años en un estado donde los traficantes, los llamados narcos, tienen las puertas abiertas de par en par. Si nos apuntamos a las noticias que van surgiendo en nuestra provincia, vemos como los tiroteos se pasean alegremente por nuestros pueblos, y la excusa siempre es la misma, la droga. En nuestra provincia se ha venido hablando de la maría y su cultivo en viviendas particulares desde hace más de diez años. Lo sabía la empresa eléctrica ante el consumo que se producía en según qué zonas y viviendas. Se descubrieron las grandes plantaciones en invernaderos, la llegada de las lanchas a nuestras costas. Y ha sido en el último año cuando hemos visto cierta preocupación por el tema en el ministerio responsable.
Hoy se canta la ocupación de una finca, el alijo de miles de kilos localizados, la detención de los narcotraficantes. Si usted habla con un amigo policía, o Guardia Civil, y le prometes que no vas a dar su nombre, te cuenta que han sido muchos años los que desde la organización política que les debía dar las órdenes, ministerio, subdelegación, han mantenido un silencio cuanto menos cómplice presuntamente. Han permitido que se expandieran las bandas de traficantes por las costas, que llegaran las armas con ellas y con las mismas el enfrentamiento, los disparos en los pueblos, la intranquilidad en las calles.
Se han puesto las pilas. No, te comenta el policía. Las pilas las tenemos puestas siempre. Son ellos los que nos tienen desconectados, en referencia a los políticos, los que presuntamente han permitido que se extienda por España el narcotráfico en toda su expresión y virulencia. Se han preguntado ustedes ¿cuánto tiempo tardaron los responsables en dar órdenes para controlar a los petaqueros? Fueron meses y meses viendo como trabajaban con entera libertad, como eran dueños de las aguas, de las costas, de las playas. Y nunca lo sabremos, pero lo mismo también y presuntamente, la voluntad de los responsables políticos. Algún alcalde, cansado de lo que venía ocurriendo en sus playas, puso el grito en el cielo, y lo tuvo que hacer públicamente, tras las reuniones con los responsables y la falta de resultados que estos ofrecían.
¿Pensamos mal? Somos libres de hacerlo. Pero lo mismo que se permite y se apoya la delincuencia de los okupas, permitimos y apoyamos la llegada ilegal de pateras, la invasión de Ceuta, ¿no estaremos haciendo lo mismo con el tráfico de drogas? ¿No nos estaremos convirtiendo en un estado narcotraficante? Espero y deseo que no, pero los ejemplos y las noticias que vamos conociendo no dan mucho margen a la esperanza. Las mafias funcionan, compran a todo miembro de la sociedad que se deje, político incluido, lo vemos en estos días con las de los okupas, qué decir de la de los inmigrantes ilegales, las Ongs compradas por los gobiernos. ¿Quién nos asegura que no viene ocurriendo algo parecido con las mafias del tráfico de drogas? El dinero lo puede todo. Y si algo tienen estas mafias es dinero para comprar a todo político que se deje. ¿Se han dejado?
Es el gran drama en el que vive el ciudadano preocupado. ¿Se ha vendido el político en España al dinero del narcotraficante?