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La Andalucía vacía de ideas

viernes 06 de septiembre de 2019, 21:00h

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Los pueblos tenemos un problema, un enorme problema del que para evitar poner soluciones encima de la mesa basta con decir que es endémico, que es una enfermedad que no tiene cura en nuestro actual modelo de sociedad. Se habla con tanta ligereza de la despoblación en las zonas rurales que parece imposible que nadie se de cuenta de que este es el primer síntoma del fracaso del estado del bienestar, de la derrota en la defensa de esos derechos fundamentales que hablan de proporcionarnos a todos y cada uno de nosotros las mismas oportunidades para desarrollarnos como personas, seamos como seamos y vivamos donde vivamos. De hecho, la mastodóntica administración que entre todos hemos generado tiene como fin principal papel procurar esa atención, y si no somos capaces de hacerlo sencillamente estamos fallando, o lo que lo que lo mismo, vamos camino de la inutilidad funcional y material de algunas administraciones.

Nadie mejor que un paisano de un pueblo sabe lo que es necesario para poder atraer público, y nadie mejor que una diputación o el gobierno de una comunidad sabe que la inversión en un pueblo es más barata y mucho más rentable. Ahora bien, el problema lo tenemos cuando miramos hacia un lado u otro como si fuesen algo mas que espacios totalmente separados por mucho más que la distancia. El problema está en no ser capaces de encontrar nexos de unión, complementariedad, no entender que una mano lava la otra. No basta con mirarnos como el pulmón de las ciudades o guardianes de las tradiciones ancestrales, sino como seres humanos con necesidades que, además, somos la solución para muchos de los problemas que hoy día hay en las ciudades.

Fiñana, por ejemplo, es una localidad que está a unos 50 minutos de Almería capital si quiero ir en coche, pero si a la misma hora que escribo estas líneas,- y son casi las seis de la tarde-, lo quiero hacer en transporte público tendría que esperar al día siguiente para acceder a mi primera opción y una de ellas, según san Google, me llevaría unas 10 horas de trayecto de autobús. Esto sucede cuando en mi mismo pueblo tengo una estación de tren cuyos horarios y trayectos se configuran sobre las necesidades de transporte de ciudad a ciudad, sin tener el mas mínimo miramiento para quienes viven a lo largo del trayecto. Por ejemplo, puedo mas o menos usar el tren si vivo en Almería y trabajo en Fiñana, porque podría tomar un tren a las siete de la mañana y llegar aquí a las ocho y media. A las cinco y media podría estar de vuelta en la capital, pero igual nadie ha caído en que lo verdaderamente útil sería poder contar con trayectos que faciliten precisamente el sentido contrario. Es decir, vivir en Fiñana ir a trabajar o estudiar a la ciudad para llegar allí a las ocho y media y volver a mi casa, a mi pueblo, a las cinco y media, donde vivir es mas barato, no hay delincuencia, respiro mejor aire y puedo experimentar a cada minuto lo que significa vivir en comunidad. Por poner un ejemplo.

Pero ahora les voy a poner otro. La gran mayoría venimos de pueblo. Nuestro mayores son mayoritariamente de pueblo y es allí donde querrían volver. En Fiñana somos testigos de que un anciano en una buena residencia, en su pueblo de origen y atendidos por profesionales, rejuvenecen como veinte años. Hablo de residencias y centros de verdad, no de aparcamientos de ancianos. Pero no hay forma, se sigue prefiriendo invertir en centros que son verdaderos mastodontes de hormigón en pleno centro de las ciudades en vez de incentivar conciertos en zonas rurales donde una misma residencia podría llegar a cumplir hasta la doble función de ambulatorio local, porque ya que pones un médico, que sea polivalente.

Transporte y servicios públicos básicos para esos que no caben en las ciudades, esa es la cuestión, porque si de Fiñana a Almería se tardase una hora en tren, que no es mucho pedir, tardarías menos en ir a visitar a tus mayores o acudir al trabajo que desde Pozuelo de Alarcón al centro de Madrid.

Sinergias, sentido común y creer en el estado del bienestar, porque les prometo que hay veces que pienso que se trabaja más en beneficio de quienes viven de las burbujas del alquiler o inmobiliarias que en la defensa del territorio.