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Lo que el viento debiera llevarse

Lo que el viento debiera llevarse
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Por Rafael M. Martos
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directornoticiasdealmeriacom/8/8/26
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viernes 13 de febrero de 2026, 08:04h
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La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha dictado sentencia para este viernes: la provincia de Almería vuelve a ser el escenario de una de esas demostraciones de fuerza atmosférica que tanto nos gustan para despeinarnos el criterio. Con rachas que, según el pronóstico, podrían alcanzar velocidades considerables en puntos como el Poniente o la capital, el organismo estatal nos invita a refugiarnos o, mejor aún, a utilizar la fuerza eólica con fines puramente catárticos.

Si en el Hollywood de 1939 Vivien Leigh se aferraba a la tierra roja de Tara mientras el viejo mundo se desmoronaba, aquí, bien podríamos marcaros un Scarlett O’Hara de manual. El viento en esta provincia tiene algo de místico y mucho de escoba, imprescindible por otro lado, puesto que la empresa de limpieza no es tan eficaz en la ejecución de sus trabajos como en el cobro de sus facturas.

Y digo yo que, ya que el aire va a soplar con una insistencia casi tan molesta como un mal mitin electoral, propongo a los lectores un ejercicio de higiene pública: reflexionar sobre qué debería llevarse el viento para que, cuando el mapa de avisos de la AEMET vuelva al verde, el panorama esté algo más limpio.

Para empezar, no estaría mal que una ráfaga especialmente certera —digamos de unos 80 km/h— pasara por los despachos de aquellos malos gobernantes que confunden la gestión con el postureo. Podría el viento arrastrar consigo la desidia de quienes parecen olvidar sistemáticamente las carencias estructurales de esta provincia. Sería una delicia ver cómo el viento se lleva esas promesas de infraestructuras ferroviarias que nunca terminan de materializarse, dejando el soterramiento en una especie de limbo cinematográfico digno de los mejores efectos especiales de la Metro-Goldwyn-Mayer.

Pero no nos detengamos ahí. El juego que les propongo para terminar la semana con buen talante incluye también a la fauna política local. A esos demagogos de manual que pueblan las instituciones, y que son capaces de adaptar su discurso según sople el levante o el poniente. Que el viento se lleve la corrupción, esa que a veces vuela bajo pero que siempre termina por ensuciar las fachadas de lo público. Que se lleve también a los racistas, a los xenófobos, a los intransigentes, a los sumisos, a los dictadorzuelos, a los machistas, a los iluminados... que se lleve la verborrea vacía de los que gritan mucho para no decir nada, esos que, a falta de gestión real, nos venden humo, el cual, afortunadamente, es lo primero que se disipa con una buena ráfaga.

Es un ejercicio saludable también a título particular: piensen en ese vecino ruidoso, en esa burocracia absurda que les impide abrir un negocio o en el cinismo de quien les miente a la cara sabiendo que ustedes saben que miente. Y a título general, imaginen una provincia donde el aire, tras la tormenta, deje al descubierto solo lo que de verdad importa: la capacidad de resistencia de su gente y la belleza de un paisaje que no necesita de dirigentes mediocres para brillar.

Al final de la película, Scarlett decía aquello de que "mañana será otro día". Aquí, en la provincia de Almería, sabemos que mañana probablemente seguirá haciendo viento, pero si logramos que en el proceso se pierdan unos cuantos corruptos y un puñado de demagogos, la alerta naranja habrá valido la pena.

A Dios ponemos por testigo de que, con o sin AVE, al menos el aire aquí sigue siendo gratis.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"