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No a más conejos
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No a más conejos

Por Angel Rodríguez Fernández
jueves 05 de marzo de 2026, 11:39h
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Cuando pensábamos que no quedaban más conejos en la chistera, salta la liebre. Una liebre antigua, coja, tuerta y con mixomatosis, pero liebre, que no libre, al menos.

Hace unos días, en este magnífico diario, poco recomendable ya que acoge entre sus páginas a gente tan indeseable como yo, ofrecí a nuestro presidente unas opciones de posibles maniobras de distracción. Él, que no está solo, sino colmado de asesores presidenciales trabajando tales maniobras, ha retomado una antigua: No a la guerra. Así, críptico: ¿no a la guerra de las galaxias, no a la guerra de los sexos, no a la guerra de los mundos?

Esta liebre, como decía, es un rescoldo de la liebre iraquí, pero por entonces lanzada por la sociedad civil, en contra de una gran mentira: “Iraq tiene armas de destrucción masiva”, no dirigida por la administración sino en contra de ella. La mentira esta vez está por ver: ¿tenía Irán abierto su proyecto nuclear? Y en esta ocasión la lanza un presidente tahúr, con frentes que aparecen y desaparecen y que, puestos uno al lado de otro, dejarían el mar de plástico ejidense en paños menores. Una más, ¿será esta la buena? Tezanos sabrá.

Lo que sí es cierto es que el régimen teocrático iraní ha tachado de terroristas y luego asesinado —colgados de lo alto de las grúas varadas de Teherán— a miles de iraníes cuyo delito es reclamar los derechos del hombre y la mujer, o en este caso, con más premura, los de la mujer. Hablamos de que en tres días las cifras de muertos sobrepasan las de Gaza en dos años, y si uno es genocidio, así lo denunciamos, lo otro también.

Esto es geopolítica: reescribir nuestros principios en función de qué estados los conculquen. Pongamos algunos ejemplos. Defender una justicia con garantías, elecciones libres, un Estado de derecho, es prioritario, salvo si eres chino; en este caso debemos valorar el gran salto adelante de su economía y creer que el chino es un ente que prefiere vivir en un régimen dictatorial.

Si defendemos la paz, estamos en contra de la guerra; pero si Putin la inicia, es necesaria: la desnazificación de Ucrania así lo demandaba.

Cuando hablamos de feminismo, la sororidad debe imponerse, debe ser radical; tan así que, si alguna compañera no cae en la cuenta de ser víctima de una agresión sexual, debemos actuar de oficio, debemos reprenderla, debemos enseñarla. Siempre y cuando no sea la mujer iraní, que lleva décadas pidiendo sororidad y encontrando silencio: “Mujer, vida y libertad” (“Jin, Jiyan, Azadî”).

Los que no tenemos esa cintura tan flexible acabamos siendo o fachas o invisibles, y nuestros esfuerzos en mantener nuestros principios de decencia ética y política, baldíos. ¿Debe el ciudadano someterse a los imperiosos mandatos de la geopolítica cuando estos contradicen su forma de entender la vida?

Esa es la pregunta que debemos hacernos. Romper las cadenas de la ciudadanía con los partidos políticos es una lucha prioritaria si queremos encaminarnos hacia una sociedad justa, social, de derecho y en la que tengamos cabida todos.

Angel Rodríguez Fernández

Profesor de Matemáticas en el IES Fuente Nueva de El Ejido