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Revillazo
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Revillazo

Por Angel Rodríguez Fernández
lunes 13 de abril de 2026, 08:39h
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Ayer el Sr. Revilla, en una de esas maratonianas apariciones televisivas, se quedó a gusto “dicen que China es una dictadura”. El sorprendido periodista, que actuaba de figurante, le respondió: “es que es una dictadura”, y Revilla, metiéndose en un bosque, contestó: “bueno, bueno, es que son millones de personas y tal vez la única forma de gobernarse”.

No habría problema si fuera una de las excentricidades del cántabro; pero es una forma de verlo de una izquierda que, sin complejos, defiende o ve con buenos ojos gobiernos como la autocracia tiránica que ejerce el Partido Comunista chino sobre su población desde hace más de 75 años.

Los mismos que escrupulosamente denuncian formas autoritarias, pasan la mano y se someten a las directrices del Partido Comunista chino. Zapatero y ahora Sánchez han elegido prioritariamente a China como su aliado comercial y han disculpado sus constantes vulneraciones de los derechos humanos más básicos.

Bueno, y si esta fuera la única veleidad de nuestros políticos “progresistas”, nos daríamos con un canto en los dientes. Pero pasa igual con la teocracia iraní —antes, durante y seguirá pasando después de la guerra comenzada de forma unilateral por Trump y Netanyahu—: cuanto menos se ha comprendido, cuando no defendido, y visto como terroristas a los que, año tras año, siguen muriendo en Irán por defender los derechos humanos.

Pasaba igual con Venezuela, y sigue pasando con Nicaragua o Cuba. Me caí del caballo con la supuesta guerra “antinazi” de Rusia contra Ucrania; así llamaban a la salvaje invasión de Putin, desde estos focos de “humanidad”. Entiendo que pronto verán a Trump con buenos ojos, conforme vaya acercándose ideológicamente a los líderes autoritarios y fascistas antes señalados.

¿Es posible apostar por unos candidatos que apoyan esos regímenes? Pregunto desde una concepción humanista y progresista. Si para los chinos o para los iraníes deseamos dictaduras, ¿por qué no lo van a desear para su propio país? ¿O se trata de una postura hipócrita que quiere miseria y sometimiento para otros, pero no para los propios?

En cualquier caso, a mí no me inspira confianza; debo de ser un tío raro. Pudiera ser que son muy respetuosos con la deriva dictatorial en otros países, pero cuando los autoritarios no son, geopolíticamente hablando, de su cuerda, sí alzan la voz. Con estas miserias convierten a sus simpatizantes en cínicos partidarios de algo indefendible.

Si se está por la democracia, el feminismo y los derechos humanos, no se puede ser de forma discontinua. No podemos alarmarnos por los fallos en las democracias occidentales, parlamentarias, y ser comprensivos con las dictaduras autoritarias si estas son enemigas de las primeras.

Tales actuaciones provocan una esquizofrenia colectiva de la que ayer participó el ínclito Revilla, y que hace un flaco favor si quieren dar con una mayoría social de progreso. El personal no está tan politizado como para no ver que esos países, políticamente hablando, son miserables, y le gustaría que sus representantes compartieran esta visión y que así lo manifestasen.

Que sí, que las democracias occidentales tienen mucho que aprender, muchos errores, mucha corrupción. Cabe recordar las palabras de Graco, interpretado por Charles Laughton, basadas en la novela del escritor comunista Howard Fast, adaptada por Dalton Trumbo, que tuvo que utilizar estrategias creativas para seguir escribiendo guiones durante la época del macartismo. No en vano, el padrino político de Donald Trump, Roy Cohn, fue un macartista de primera hora.

En ellas, dirigiéndose al Senado en Espartaco, dice: “yo tolero una república corrompida que asegure la libertad al pueblo pero no toleraré la dictadura que quiere imponer Craso (Laurence Oliver) sin ninguna libertad “

Y esa es la clave: por encima de todo, por encima de la corrupción y de la geopolítica, están las libertades individuales y sociales. El partido que no muestre un respeto total por ellas, en una sociedad que quiera vivir en libertad, aunque existiera legalmente, ya que somos una democracia militante, debiera ser marginal.

Queda esperanza, la izquierda es un movimiento amplio, en el que me encuentro, y dentro de este movimiento existen políticos como Gabriel Boric que no le duelen prendas en señalar por ejemplo a Cuba como una Dictadura, ese es el camino.