El paso de la borrasca 'Oriana' por la península ha encontrado en Almería uno de sus escenarios más violentos. La fuerza del viento ha golpeado con especial dureza al municipio de Carboneras, donde se han llegado a contabilizar ráfagas de hasta 122 kilómetros por hora. Esta situación ha obligado a mantener los niveles de riesgo por fuertes soplos y mal tiempo en el litoral, un escenario de inestabilidad que se prolongará, al menos, hasta la jornada del sábado.
La provincia almeriense ha acaparado la mitad de los puntos con mayor actividad eólica de todo el territorio nacional durante esta mañana. Además del extremo registrado en Carboneras, otras localidades como Laujar de Andarax han alcanzado marcas de 112 kilómetros por hora, seguidas muy de cerca por los 111 kilómetros medidos en el Cabo de Gata. El temporal también se ha hecho sentir en infraestructuras críticas como el Aeropuerto de Almería, con picos de 105 kilómetros por hora, y en el municipio de Albox, que superó la barrera de los 100. En cuanto a la persistencia del viento, el Cabo de Gata destaca como la zona más castigada fuera de las cumbres montañosas, manteniendo velocidades constantes de 75 kilómetros por hora.
Mientras Almería lidia con el vendaval, el resto de Andalucía respira con cautela ante una ligera mejoría que ha permitido el regreso a casa de los primeros evacuados en la capital cordobesa. No obstante, el balance de daños sigue siendo notable, con miles de personas que aún no han podido volver a sus hogares, especialmente en las provincias de Córdoba, Cádiz y Jaén, que han concentrado el mayor volumen de incidencias gestionadas por los equipos de rescate desde que comenzó el temporal.
En Córdoba, el foco se centra ahora en las tareas de recuperación y limpieza de lodo. El ayuntamiento de la ciudad ha tenido que organizar turnos de acceso específicos para las zonas de Guadalvalle y Altea, buscando que el tránsito de propietarios y voluntarios no colisione con las maniobras de la maquinaria pesada. Las autoridades locales han insistido en que estas restricciones buscan que las calles recuperen su ritmo habitual con rapidez y, sobre todo, garantizar la seguridad de quienes colaboran en la limpieza para evitar atropellos o accidentes con las excavadoras.
La preocupación hidrológica persiste a pesar de que el caudal del río Guadalquivir ha comenzado a dar una tregua. Aunque el nivel del agua ha bajado significativamente respecto a los picos críticos del pasado fin de semana, el río continúa en umbrales de alerta. La vigilancia se mantiene activa en toda la región, con especial atención a la evolución de 'Oriana' para coordinar cualquier nueva incidencia que pueda surgir en las próximas horas.