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#COVID19 día 49
Semanas de siete días

sábado 02 de mayo de 2020, 16:15h

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-¡Pero papá… si todas las semanas son de siete días, y todos los días tienen 24 horas!

Mi hija responde incrédula ante la absurda afirmación en la que expongo -dialogando con su madre- que una parte de la lucha contra el COVID19, debería ser “hacer semanas de siete días, y días de 24 horas”.

Como anda repasando las operaciones sexagesimales, me dice que lo único que le faltaba es que ahora las horas no tuviesen 60 minutos, o que las semanas fuesen de cinco días. Malvado, le contesto que precisamente porque no todas las horas tienen 60 minutos, utilizamos la expresión “ha tardado una hora de reloj”, y luego le muestro unas fotos de sindicalistas pidiendo la semana de cinco días… “¡me estás liando, papá!”

Mientras se sube a su cuarto a preparar la clase de inglés, aprovecho para confundirla un poco más apuntando que hasta podría ser compatible la semana de cinco días con la de siete.

La cosa, como comprenderán, tiene connotaciones laborales, y tiene mucho que ver con los condicionantes que para nuestra vida está imponiendo el maldito bicho, pero que también añado, sería bueno para que, cuando todo esto pase, que pasará, nuestra vida sea más fluida.

Que las semanas tengan siete días, quiere decir que todo está abierto los siete días de la semana, y que los días tengan 24 horas, es que todo pueda hacerse a cualquier hora, ya sea de modo virtual o presencial.

Que las semanas tengan siete días, quiere decir que todo está abierto los siete días de la semana, y que los días tengan 24 horas, es que todo pueda hacerse a cualquier hora, ya sea de modo virtual o presencial.

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Si los funcionarios escalonaran su entrada a las oficinas, o si todo el personal se dividiera en tres o cuatro turnos, y si se habilitaran para trabajar los fines de semana, serían menos empleados en cada sala, y el público podría acudir durante un margen más amplio de tiempo para sus gestiones, y por tanto dejaría de haber aglomeraciones. En definitiva, sería hacer como los policías, o los bomberos, que también son funcionarios… o como los periodistas, o como los bares… porque carece de justificación el privilegio de tener jornada matinal y dos días de descanso que además sean sábado y domingo.

Pero no es el caso de los empleados públicos el único, pero sí relevante, porque siempre resultará más económico este sistema que tener que triplicar el gasto en alquiler de oficinas para que quepan todos de nuevo, y como hemos señalado, abriría el abanico de horas a las que podemos acudir. ¿Se imaginan aplicar esto en la administración de Justicia?

No hay nada más peregrino que ver las tiendas de ropa y calzado infantil, abiertas a las horas en que sus “clientes” están en clase, y lo mismo puede decirse de los pediatras, ejemplos de que los usuarios tenemos que adaptarnos a quienes nos presta el servicio en vez de ser al revés. Y es que vivimos en un extraño mundo de relaciones comerciales y administrativas, en las que normalmente son los clientes y usuarios quienes han de adaptarse a quienes cobran, en vez de ser éstos quienes lo hagan a sus pagadores.

Pero lo mismo vale para cualquier comercio, que turnando a sus empleados, podría aumentar sus horas de atención al público, y así evitar demasiada clientela a la vez, y también vale para los centros comerciales, o para los talleres de coches. ¿Por qué razón no se puede arreglar un coche a las dos de la madrugada?

Y sí, también sería útil en los colegios, porque podría haber escolares por la mañana y otra tanda por la tarde, lo que además reduciría la ratio si incluimos los fines de semana. Quizá sea este el único caso en que sí existe un inconveniente económico, porque los profesores, trabajarían las mismas horas aunque con menos alumnos, por lo que serían necesarios más.

En definitiva, esto no pretende ser un tratado sobre nuevas relaciones laborales, pero sí una manera de demostrar que con imaginación se pueden hacer las cosas de otra manera; que si nos parecía imposible una pandemia con ésta, y ha ocurrido, y si nos parecía imposible permanecer encerrados dos meses en casa, y ha pasado, y si creíamos que nuestros hábitos y costumbres no podían variar de un día a otro, y ha sido así ¿Por qué no vamos a poder hacer semanas de siete días, y días de 24 horas?

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia" y de "Más allá del cementerio azul".