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#COVID19 día 60
El contagio es un cuento

miércoles 13 de mayo de 2020, 19:37h

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Sonia es de un pueblo de Teruel, que sí que existe, y tiene un novio que se llama Alberto, que estudia Medicina en Madrid, aunque sus padres en realidad querían que fuese panadero, porque es el negocio familiar, y donde él echa un rato en las vacaciones, porque siempre regresa, más por ella que por ellos.

Paco es el mecánico que le arregla el coche a Alberto, pero no solo a él, también a una pareja de italianos que pasaban por allí a ver no sé qué y se quedaron tirados, pero oye, por lo menos se alojaron una noche en el hostal de Doña Concha, que murió hace un par de años y ahora lo llevan su hija Trinidad.

Sonia tiene una “muy mejor amiga”, Gloria, que junto con Juani y Natalia, fueron a la despedida de soltera de Dina, un diminutivo cogido por los pelos, por los pelos rubios de bote que siempre le ha gustado tener, y es que Dina en realidad es Ricarda, que ya hace falta mala leche para ponerle ese nombre a una hija, y de Ricarda, Ricardina, y de Ricardina, pues Dina.

Nadie pensaba que Dina fuese a casarse, y menos por la Iglesia, porque es muy liberal, que es lo mismo que decían de su madre, que fue madre soltera y en los pueblos se sabe todo. Dina y su novio se fueron a Madrid, pero no a la manifestación del Día de la Mujer del 8M aunque cayó por esos días, sino a ultimar la compra del vestido de boda, pero se quedaron una noche allí, que lo uno no quita lo otro.

Pablo es músico, o bueno, eso dice él mientras se gana la vida fregando platos en un restaurante del llamado Madrid de los Austrias, desde que llegó de Ecuador. Lleva un par de días pachucho, pero aún así cumple cada jornada, y acude en el metro a su puesto sin faltar ni un minuto porque está convencido de que sus esfuerzos se verán recompensados en el futuro.

Quien también va en el metro es Dina, y ambos están cogidos a la misma barra, aunque ella no podría recordarlo, pero él a ella sí, por el perfume que llevaba, y por la cara de bruto del chico que la acompañaba, y que el echó una mirada asesina cuando advirtió que él la observaba de reojo, y hasta temió por su vida cuando en un frenazo del vagón, ella se golpeó contra él y sus caras –y sus labios- quedaron a escasos cinco centímetros.

En el mismo bar de Pablo, hombro con hombro, trabaja Paqui, que es sevillana, cocinera, una mujer de armas tomar, viuda, enérgica, y con una hija preciosa que se llama como ella, Paqui, muy buena estudiante, y que al ecuatoriano le gusta más de lo debido, pero ella no le corresponde. Paqui –la hija- sale con Alí, un chico que vive en Lavapiés y va a su misma Facultad, la de Sociología, y quien a pesar del nombre, nació cristiano, pero se hizo musulmán hace un par de años, lo que a su madre –a la de Paqui- al principio no le gustó ni un pelo, pero cuando lo conoció un poco más concluyó que era “normal” pero “no bebe alcohol”, así que “mejor”.

Alí, que es Antonio, y de Gilena, que también está en la provincia de Sevilla, ha pasado unos días de Navidad en su casa, donde han venido unos primos suyos de Almería a los que no veía en años. Uno de ellos, Javier, propietario de una empresa informática junto con su socio Flopi, con 10 años más que él, y 20 kilos por encima de los necesarios para sobrevivir un mes en la Isla de los Famosos, padre de dos hijos en edad de merecer, chico y chica, con parejas, porque han salido en lo guapo a su madre, y en lo inteligente también, porque él es de los que solo saben solucionar los problemas como los resuelve un informático: apagar y encender.

El taller de informática está Roquetas, que es un municipio de Almería, lo que le viene muy bien –aunque él vive en la capital- porque así puede ir a ver con frecuencia a su abuelo, que está en una residencia de allí, lo que agradece casi con lágrimas el anciano de más de 90 años cada vez que aparece su nieto.

Otro de los primos es Luis, abogado en Vera, un lujo de sitio para veranear, y en el que tiene el privilegio de vivir, y aunque no está casado, como si lo estuviese, con una alemana, Ingrid, una jovencísima viuda madre de una niña que parece sacada de una leyenda nórdica. Los tres suelen ir con frecuencia un gran centro comercial de Murcia, que está más cerca que el de El Ejido, aunque a veces prefieren ir hacia el Poniente y comen con Javier.

Sonia ha puesto la televisión, es mediodía, hay noticias, nunca hablan de Teruel, bueno, ahora un poco, por lo del diputado, pero a ella la política no le interesa mucho. Lo que pasa es que con lo del COVID19 está muriendo mucha gente… pero eso debe ser donde se juntan muchos, porque aquí, el supermercado y la farmacia, poco más.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia" y de "Más allá del cementerio azul".