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Día Internacional de la Danza con el ‘El Salto’ del Premio Nacional Jesus Carmona

Día Internacional de la Danza con el ‘El Salto’ del Premio Nacional Jesus Carmona

sábado 30 de abril de 2022, 21:00h

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El coreógrafo y primer bailarín del Ballet Nacional de España durante muchos años, conquistó el Maestro Padilla con una obra que realzó la belleza más allá de género y de compartimentos estancos

Cualquier día es bueno para disfrutar de un espectáculo como el que el Premio Nacional de Danza a la creación en el año 2020 llevó anoche a las tablas del Auditorio Municipal Maestro Padilla, titulado ‘El Salto’. Pero si además coincide con la celebración del Día Internacional de la Danza, las sensaciones se refuerzan al ver cómo una de las disciplinas artísticas más plásticas, expresivas y emocionales continúan generando percepciones de belleza y evasión cuando la propuesta está tan trabajada y cuidada como demostró una vez más Jesús Carmona, su cuerpo de baile y su cuadro flamenco, en una nueva cita de la programación de primavera puesta en marcha por el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería. En esta caso, a través de Platea (Programa Estatal de Circulación de Espectáculos de Artes Escénicas en Espacios de las Entidades Locales), organizado por el INAEM en colaboración con la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias).

Jesús Carmona capitanea un barco en el que también navegan Ángel Reyes, Rubén Puertas, José Alarcón, Borja Cortés, Joan Fenollar, Daniel Arencibia como cuerpo de baile, con Juan Requena a la guitarra, Manu Masaedo a la percusión y un especialmente brillante, como es habitual por otra parte, José Valencia al cante. El espectáculo ‘El Salto’ convenció anoche y de qué manera al público, como viene haciendo desde su nacimiento en 2019, como coproducción del Teatro Sadlers Wells de Londres, la Bienal de Flamenco de Sevilla y el Flamenco Festival de Nueva York.

Un ritmo frenético y una ejecución sobria de conceptualidad densa son los denominadores comunes de ‘El Salto’, donde Jesús Carmona reflexiona a través de incesantes números distintos, entre el clasicismo flamenco y la danza española con pinceladas de matices contemporáneos, sobre la identidad de género y la transformación de la idea de masculinidad en este primer cuarto del primer siglo del nuevo milenio.

Arabescos con una suerte de capote dieron la bienvenida a una escenografía tensa en su oscuridad y dura casi siempre en su iluminación. Luces mínimas o directas, que generan sombras, para alternar con un modernismo como el que vino en ese número coral con cortinas de club nocturno, con trajes de impostada ‘chulería’ arquetípica o ese momento tan significativo del bailaor, Carmona, enfrentándose en movimientos a un cuerpo de baile con protectores pugilísticos.

También hubo elementos clásicos de ficción argumental eternos, como el número en el que Carmona baila ante una manzana que se acabará comiendo, agotado, mientras que el cuerpo volverá aparecer con una suerte de arneses casi paracaidistas con un Valencia bordando seguiriyas y reforzando también su papel teatral.

La obra se va haciendo densa y va mostrando su camino argumental cuando toda esa supuesta hombría va abriendo hueco a la reflexión que el propio Jesús Carmona detalla sobre ‘El Salto’. “La concepción de este espectáculo nace del hecho personal que me hizo cuestionarme la relación con la masculinidad en el Siglo XXI, tanto por parte de los hombres como de las mujeres. En la búsqueda de respuestas he ido comprendiendo de manera cada día más profunda, en qué tipo de sociedad vivimos y qué podemos hacer para mejorarla, dado que algunas actitudes más sencillas o cotidianas son las que necesitan quizás un cambio. Quise llevar a escena este crecimiento personal”.

‘El Salto’ juega casi siempre en asimetrías. Así, tras una suerte por soleás, se hizo muy patente en unos tangos en los que se combinó con maestría la danza española de dos bailarines con cuatro bailaores de botas y taconeo más clásico. Mucho de sorna con una secuencia futbolera sobre el propio espectáculo, para terminar de romper emociones con una sentida nana y, finalmente, con unas bellas y plásticas cantiñas, como una expresión de alegría tras la liberación de las cadenas, que una a una irán despojando los bailarines.

Un cierre magistral para más de hora y media de espectáculo que exige tanto como ofrece de recompensa. La incólume belleza de la expresión corporal al compás de la música.

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