No me digan que no es hermoso saber que tenemos un presidente, Pedro Sánchez, que ama profundamente a su mujer, que está enamorado hasta las trancas, que para él solo existe una mujer en su vida, que no solo fueron aquellos cinco días encerrado en sí mismo, deshojando la margarita de su amor por su Bego ante todos los españoles. En estos días nos ha dado una muestra más de hasta dónde llega su pasión, su anhelo por esa mujer por la que está dispuesto a dar su vida (la política y la otra), y la de todos los ciudadanos del mundo si falta hiciera. Hay amores locos, trágicos, de colores, los hay a lo don Juan, Romeo o Calixto.
Hace unos días, media España asistía a través de la Tv a un sepelio por los fallecidos en el accidente de Adamuz. Han muerto cuarenta y seis españoles, cuarenta y seis. Y en un pabellón deportivo de Huelva, España no se vio representada por el presidente del gobierno. No estuvo la empatía con las víctimas del hombre que hace y deshace a favor y en contra de las familias de nuestra tierra. Pero el hombre tenía una excusa, y amorosa era. El presidente que no estuvo en Huelva, no podía dejar sola durante unas horas a su querida Bego. Ese mismo día, contaban las terminales, imagino que fachas, que Pedro estaba celebrando el cumpleaños del amor de su vida, y que, por lo tanto, no podía estar en el recinto deportivo con los familiares de los fallecidos. ¡Eso es amor!
Los mimos, el cariño, el amor del hombre que manda en España, en ese día en el que las lágrimas se hacían presentes en Huelva, él los dedicaba a su amada Begoña. Y eso es de agradecer. Tenemos un presi enamorado. No me digan que no es bonito.
¡Bego, te quiero!
Y se quejan los fachas de que no estuvo en el funeral por miedo a los abucheos que iba a recibir, si llega a atreverse a dar una vuelta por el pabellón.
¡Mentira! Fue por amor. Grita la bancada sanchista. Por ese amor que siente por su esposa, la mujer a la que ha dedicado su vida, y a la que le ha colocado este país bajo sus majestuosos pies.
Aquella tarde había que elegir entre el respeto por unas víctimas y el amor por su querida esposa. ¿Qué importancia tienen para un don Juan, un Romeo, un Calixto cualquiera como él los sentimientos y el dolor de cuarenta y seis familias, cuando a esa misma hora su querida Bego, la Inés de su alma, la Melibea del cuento, la Julieta italiana celebraba su cumpleaños? Era evidente que las alas del amor pudieron más, y el enamorado se quedó brindando con una copa de cava al lado de su amada, por esa vida eterna que los debe unir. Lo que quizás no sepa, o no se haya dado cuenta, es que en ese pabellón se vivió una jornada de amor, como quizás nunca él llegue a conocer. Y que las lágrimas derramadas por los allí presentes, mientras la voz de Liliana iba contando una verdad que nadie, ni él puede negar. La muerte de estos españoles se debió evitar, la muerte de estos ciudadanos tiene unos culpables, políticos o no, que algún día, es de desear, se vean sentados ante la justicia de los hombres, de la otra, por muy arriba que miremos, algunos no nos fiamos.