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El jurado decide hoy si Ana Julia fue 'chapucera' o calculadora
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El jurado decide hoy si Ana Julia fue "chapucera" o calculadora

martes 17 de septiembre de 2019, 15:18h

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Toma la palabra al final de la vista para pedir perdón a los padres, y también a su propia hija

El juicio oral contra Ana Julia Quezada, autora confesa del asesinato del pequeño Gabriel Cruz el 27 de febrero de 2017, ha tomado la palabra antes de que se levantara la sesión de este martes, y entre sollozos ha dicho "En primer lugar, pedirle perdón a los familiares de Gabriel, a todos los familiares y a toda persona a la que haya podido hacer daño con mi acción".

"Quiero pedirle perdón también a mi hija y a toda mi familia, a todo el mundo al que haya podido sentirse mal por lo que yo hice. En general a toda España y espero que Dios me perdone", ha concluido.

La sesión había comenzado precisamente con la lectura de una carta que ella misma había escrito desde prisión a Ángel, el padre del niño, en el que justificaba su crimen por un arrebato en el que accidentalmente le había dado muerte.

El tribunal del jurado tendrá que decidir hoy el grado de culpabilidad de Ana Julia, es decir, si fue un homicidio, un asesinato con alevosía o si además hubo ensañamiento, y por tanto, si se trató de un accidente que intentó encubrir, o si fue algo planificado. Del mismo modo se pronunciará sobre si quisó generar un daño extra a la familia, o ese daño es el naturalmente derivado del crimen cometido contra su hijo.

El veredicto, cuya hora de entrega a la juez no se conoce, será leído a puerta cerrada y con a acusada delante.

Ha sido en esta última sesión -ya que el miércoles será la comunicación del veredicto del jurado popular- cuando se ha visto más compungida a Ana Julia, continuamente llorando, más derrotada de lo que entró el lunes de la pasada semana, hasta el punto de que el letrado de la acusación particular, Francisco Torres, se quejado de que le desconcentraba en su alegato.

El letrado que la ha defendido, Esteban Hernández, ha dedicado el tiempo de su informe final a destacar las diferencias entre la versión de los hechos que ha presentado la acusación particular y la Fiscalía, con el fin de abrir una duda razonable que le permita sostener que lo sucedido fue un homicidio por accidente, no un asesinato alevoso, y mucho menos con ensañamiento.

Hernández, que acepta el dictamen de los forenses en los que se ha basado la Fiscalía, ha llegado a valorar que no se sostiene la premeditación del crimen, ya que se trataría de una gran "chapuza". "Me tengo que basa en la prueba practicada. Lo que manifiesta la acusación particular no está probado por mucho que intente confundir" afirma.

Así, ha invitado al jurado a reflexionar sobre hechos tales como que, si tenía previsto matar a Gabriel por qué invitó ese mismo día a acompañarla a Rodalquilar a la abuela y otros familiares y no solo al niño, o por qué hizo un enterramiento provisional si estuvo casi tres horas en la finca, o por qué no se deshizo de un modo eficaz del cuerpo, o por qué si quería realmente deshacerse del móvil, lo dejó encendido facilitando así su localización, o por qué cuando desentierra al niño mantiene un rumbo errático con el coche antes de llegar a Vícar. A esto ha añadido otra clave, como que si tenía la intención de matar a Gabriel, porqué no lo hizo de un modo eficaz, teniendo un hacha o una pala con lo que golpearle. "En tres horas y media había mil formas de dar muerte niño y de ocultarlo. Si eso quería, si fue premeditado, sería la mayor chapuza producida jamás", ha llegado a decir.

Con estos argumentos, el letrado ha insistido en que se trató de un accidente, y que luego no supo como comunicar a su pareja lo sucedido, y al saltar la noticia, comenzar la búsqueda, la investigación, el eco mediático y demás, no supo salir del embrollo.

Según el escrito de conclusiones definitivas presentado por la defensa, cuando la procesada dio muerte a Gabriel Cruz lo hizo bajo un "estado pasional que disminuía su capacidad de comprender y de controlar las consecuencias de sus actos, sin llegar a anularla".

Indica que le tapó la boca "para que no profiriera más insultos, apretándola con intención de que se callara" y que, después, se produjo un "intenso forcejeo, llegando a la pared Ana Julia, presa de la ira y sin medir las consecuencias de su acción".

"Continuó tapándole la boca y nariz, presionándole contra la pared, a pesar de la resistencia del menor, hasta percatarse de que Gabriel había dejado de respirar", añade.

La defensa señala que, al "darse cuenta de ello", fue "presa del pánico" y "quedó bloqueada e incapaz de asumir lo ocurrido", tras lo que dio sepultura al cuerpo del niño en la finca de Rodalquilar (Níjar, Almería) en la que se produjo el crimen el 27 de febrero de 2018.

"Incapaz de afrontar lo acontecido y sin saber cómo explicarlos a su pareja ante la repercusión mediática y al estar bajo los efectos de medicación ansiolítica, movida por el ánimo de evitar las consecuencias de sus actos, continuó ocultando lo acontecido hasta su detención", concluye el escrito entregado este martes a las partes en el que insiste en que la convivencia entre la acusada y Ángel Cruz "no siempre era aceptada de buen grado" por el menor.

También insiste en que el niño "cogió un hacha para jugar", en que Ana Julia Quezada le dijo que la "soltara pues era peligroso y podía hacerse daño" y en que le "insultó, negándose a darle el hacha", por lo que "intento quitársela, llegando a taparle la boca para que no profiriera más insultos".

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