La historia de Roquetas de Mar es la crónica de un crecimiento vertiginoso que ha transformado un humilde asentamiento costero en una de las ciudades con mayor proyección de futuro del Estado español. Con motivo de la presentación del segundo tomo de las antologías roqueteras, María José López Carmona, presidenta de la asociación 250 aniversario Ciudad de Roquetas de Mar, analizó el pasado, presente y futuro del municipio en una extensa entrevista concedida al programa Almería de Cerca de 7TV Almería, realizada en Almería capital. Durante la conversación, López Carmona abordó el aislamiento histórico que sufrió la localidad, las claves de su explosión económica y demográfica a mediados del siglo XX y los retos actuales para conectar a las nuevas generaciones con sus raíces culturales.
El proyecto de las antologías roqueteras nació con un carácter transversal de cara a la conmemoración del cuarto de siglo de independencia municipal, con el objetivo de reconocer a autores y rescatar obras descatalogadas que habían caído en el olvido. Tras una primera entrega el año pasado, la asociación ha sacado a la luz el segundo volumen, una labor que la presidenta destaca como una de las que realizan con más cariño. La elección de los dos primeros autores publicados siguió un estricto orden cronológico debido a que, históricamente, no ha existido un estudio masivo sobre el pasado local. El primer tomo rescató el trabajo del canónigo de la catedral, Juan López Martín, titulado La Villa de Roquetas de Mar, un texto breve que se elaboró de forma apresurada con el fin de diseñar un nuevo escudo para el municipio, basándose en los escasos datos disponibles de aquella época y en las indagaciones dieciochescas de Miguel Ruiz de Villanueva sobre los restos de Turaniana.
Esta primera antología dejó grabada una radiografía social y económica de una época dorada y en tecnicolor. López Carmona recordó que en los años 70 Roquetas era una explosión, casi la capital de Almería, impulsada por el asentamiento de los colonos tras la creación de los pueblos de colonización dos décadas antes, y por la llegada de grandes actores de cine que buscaban descanso en la zona de Aguadulce. El desarrollo de las urbanizaciones turísticas, con la apertura de Aguadulce en 1964 y de la urbanización de Roquetas en 1967, marcó un punto de inflexión fundamental. A juicio de la responsable de la asociación, la localidad ha vivido dos momentos clave en su trayectoria: el siglo XVIII, cuando pasó de la nada a constituirse como municipio, y el periodo comprendido entre los años 50 y 70 del siglo pasado, cuando inició el camino para convertirse en una gran ciudad, multiplicando su población de 3.500 habitantes a casi 13.000 en apenas veinte años con personas llegadas de multitud de procedencias.
Por su parte, la segunda antología se centra en la figura de Enrique Silva y sus Apuntes para su historia, una obra de referencia que supuso un auténtico revulsivo bibliográfico. A diferencia de su antecesor, Silva dispuso de más tiempo para indagar en profundidad en los archivos, especialmente en la Real Chancillería de Granada, donde localizó el expediente del pleito del marqués de Casablanca. Este documento histórico, que detallaba las pretensiones del noble para someter el territorio a su señorío, aportó datos de gran valor sobre cómo se estructuraron los primeros momentos del municipio en el siglo XVIII. A pesar de la relevancia académica de su obra, presente en todas las bibliografías posteriores, el autor la bautizó con humildad como unos simples apuntes, dejando las claves de las actas capitulares y de los acontecimientos que marcaron el devenir de la población.
El retraso en el estudio de la historia local se atribuye, en gran medida, a la baja densidad demográfica que arrastró el municipio hasta bien entrado el siglo XX. Mientras el siglo XIX fue un periodo de gran esplendor para la provincia de Almería gracias a la explotación de las minas de plomo, la exportación de uva de barco, el embarque de hierro y el ferrocarril, en Roquetas de Mar se vivió una época de profunda miseria y epidemias. Incluso el proyecto de 1901 para construir un tranvía que conectara la capital con Berja pasando por el poniente no logró sacar a la localidad de su letargo, ya que carecía de un puerto habilitado para el comercio hasta finales del siglo XIX y no pudo sumarse a la pujanza de la burguesía almeriense. Las actas de la época reflejan que el principal lastre fue el aislamiento, provocado por unos caminos impracticables que impedían la atracción de industrias o cultivos a gran escala, limitando la economía de subsistencia a una modesta actividad ganadera, agrícola y pesquera.

Esta situación dio un vuelco radical con el inicio de la agricultura intensiva y los planes del Instituto Nacional de Colonización a partir de 1950, que diseñó núcleos como El Parador, Las Marinas, El Solanillo y la ampliación del propio centro urbano. Roquetas de Mar se enganchó en el vagón de cabecera de este modelo productivo, uniendo la bonanza del plástico en el poniente almeriense con el posterior bum turístico. Hoy en día, la localidad se encuentra en una situación privilegiada, consolidada como un referente turístico de calidad y sin masificaciones, gracias a una estrecha colaboración entre el esfuerzo de los sectores privados y el impulso de la administración local, que ha trabajado de manera continua para corregir el histórico déficit de comunicaciones y situar a la ciudad en una posición de gran proyección.
La segregación de la localidad respecto a Félix, municipio del que dependía, culminó el 18 de septiembre de 1776, una fecha que coincide de manera curiosa en el tiempo con la declaración de independencia de las trece colonias americanas el 4 de julio de ese mismo año. Aunque el proceso no derivó en un conflicto armado, sí que generó tensiones y quejas, especialmente por parte de los vecinos de Vícar y por los posteriores repartimientos de bienes. No obstante, la marea económica que generaba la llanura roquetera hacía inevitable la creación de un ayuntamiento propio para evitar los desplazamientos de los delegados o de los propios habitantes hacia la sierra. De aquella época colonial y pesquera nacieron las tradicionales moragas en la orilla de la playa, una costumbre que tardó en asentarse debido al constante asedio de la piratería berberisca. Los censos de la época, como el de Floridablanca, retratan una sociedad muy polarizada entre una inmensa mayoría de familias vulnerables y una reducida élite militar establecida en el castillo junto a terratenientes que poseían norias y molinos pero que residían habitualmente en Almería capital.
Uno de los mayores desafíos actuales a los que se enfrenta la asociación es la divulgación de este patrimonio histórico entre la juventud, en una sociedad caracterizada por la diversidad de orígenes y por los nuevos canales de comunicación digital. López Carmona incidió en que es muy difícil atraer a los adolescentes a actos tradicionales como la presentación de un libro, por lo que hizo un llamamiento explícito a la Junta de Andalucía para que se involucre formalmente integrando la historia local de manera transversal dentro del currículo educativo de los colegios e institutos. Para la presidenta, resulta imprescindible que los estudiantes conozcan el origen del nombre de su ciudad, vinculado a las lajas de piedra situadas frente al castillo, y que sepan diferenciar la antigüedad de la fortaleza costera de la fecha de nacimiento del ayuntamiento, así como los asentamientos previos de la época romana en Turaniana o el poblado nazarí de Alpechiniz.
Debido al enorme esfuerzo que requiere la gestión de las actividades conmemorativas, la asociación ha decidido realizar un receso en la edición de su tercera antología. En la actualidad, el colectivo centra todos sus recursos humanos y materiales en mantener abierta su nueva sede, que alberga un pequeño museo dedicado al siglo XVIII gestionado íntegramente por personal voluntario. Asimismo, el grupo ha intensificado la organización de recreaciones históricas, unos eventos complejos que exigen la puesta en marcha de talleres de costura específicos para la confección de trajes de época. Aunque existen contactos avanzados con familiares y colaboradores muy cercanos a los futuros autores que se pretenden homenajear, como es el caso de José Manuel Navarro por su vinculación con Enrique Silva, la asociación prefiere no adelantar nombres hasta que los proyectos estén completamente cerrados para su publicación.