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Gibraltar inglés antes que franquista

martes 22 de septiembre de 2020, 11:34h

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A falta de rastreadores de virus, la Asociación por la Recuperación de la Memoria Democrática ha expurgado el callejero almeriense para elaborar un mapa en donde se señala la huella del franquismo en nuestra ciudad. Un clamor ciudadano que por fin cristaliza. Hago un paréntesis para decir que siempre he escrito que en España sería mejor poner a las calles y plazas nombres de flores, ríos, animales o montes. De cualquier cosa menos de una persona viva o muerta, porque así nos libraremos de que pueda salir el capullo de turno a buscarle filiaciones políticas, religiosas o afectivas. Eso que nos ahorraríamos. Pero bueno, el caso es que dicen ahora los seguidores de esa rara secta de adoradores de un pasado prefabricado que hay que eliminar algunos nombres y dedicaciones de nuestras esquinas para eliminar la huella del fascismo en Almería. De eliminar los nombres de otros mastuerzos que de no haber perdido la guerra por inútiles habrían instaurado otra dictadura igualmente detestable, pues nada. Hay que recordar que cuando llegó el PSOE a la alcaldía por primera vez a finales de los años setenta del siglo pasado, empezaron como locos a llenar Almería de esos nombres quitando otros y nadie ha sufrido soponcios retrospectivos ni ha querido perder mucho tiempo en la queja y en la tabarra, quizás porque ha tenido cosas mejores que hacer. Así que honor y gloria para todas ellas y ellos, porque ya se sabe que los crímenes abyectos, la locura asesina y la maldad intrínseca es patrimonio inmaterial de un bando en exclusiva. Los del otro bando, lo buenos también por decreto, eran tan angelicales, justos y benéficos, que a su lado el padre de La Casa de la Pradera era un peligroso homicida.
No entraré ahora en el debate sobre todos los hitos que esta hemipléjica asociación quiere cargarse y, sinceramente, me dan igual las propuestas de sustitución que puedan tener. Avisaré, antes de que alguien quiera propiciar un ejercicio de masturbación mental de los habituales, que ni me ofende, ni me preocupa, ni me altera que se cambien o se mantengan algunos nombres de calles en Almería, porque creo que ahora es un debate innecesario que solo sirve de terapia emocional para los dopados de la historia parcial que les han inyectado en vena en los talleres de charleta histórica del PSOE. Cuando dentro de unas semanas las direcciones que más interesen en Almería sean las de las oficinas de empleo, la sede de Cáritas, las de Cruz Roja o las de algunas parroquias, vayan ustedes a preguntar a la gente que vean allí haciendo cola si les preocupa mucho la memoria postal del franquismo urbano.
Pero una cosa es la aplicación de lo que los romanos llamaron damnatio memoriae para explicar y también aplicar la costumbre egipcia de cambiar la cara de las estatuas de los caídos en desgracia y sustituirlas por la de los nuevo mandatarios, y otra muy distinta es ser gilipollas. En un subidón de entusiasmo justiciero, esta asociación de flipados por la desmemoria ha incluido en la lista negra de nombres eliminables de nuestro callejero a la muy zapillera dirección “Gibraltar Español”, porque en opinión de estos analfabrutos refleja “un exceso de exaltamiento del nacionalismo”. Es decir, que reclamar la restitución de la mayor chorizada diplomática de la historia europea, prolongada, sostenida y consolidada en el tiempo por el filibusterismo diplomático inglés ¡desde 1713! es un recordatorio de la dictadura franquista. Hay que tenerlos de gordos como el Peñón para acabar metiendo en el saco del antifranquismo retrospectivo un empeño que, por añejo o inservible que pueda parecer ahora, no es más que una apelación a la justicia, al derecho, a la dignidad y al respeto de la Historia de España. Pero de la de verdad, no de ese sucedáneo contaminado de parcialidad y sectarismo que les han inoculado.

Jose Fernández

Periodista.Asesor de Prensa
en el Ayuntamiento de Almería.