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Kombucha: bebida natural, ancestral y saludable

Kombucha: bebida natural, ancestral y saludable

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¿Has leído u oído hablar últimamente sobre la kombucha? Probablemente sea así y quizás estés interesado en saber sobre la kombucha que es.

El nombre de ‘kombucha’ o ‘te kombucha’, nos puede sonar exótico e, incluso, para muchos, desconocido. Pero se trata de una bebida natural, con probióticos, ligeramente carbonatada, obtenida a partir de mezclas fermentadas de té (usualmente té Oolong, también conocido como té azul o té de la longevidad, y té verde) que se viene preparando en China desde hace dos mil años.

Hoy en día, la preparación de la kombucha ha avanzado mucho gracias a las nuevas tecnologías, pero la kombucha comercial no deja de tener ese origen tradicional que le aporta un característico sabor y unas propiedades nutricionales muy interesantes.

La kombucha tradicional: un poco de historia

En la antigüedad, las familias preparaban una mezcla de distintos tipos de té a la que añadían azúcar para dejarla fermentar en oscuridad durante un tiempo que podía llegar hasta casi un mes.

Después, añadían a la mezcla una combinación compleja de microorganismos fermentadores que era meticulosamente conservada a fin de ahorrar el tiempo de espera de formación de la colonia. El proceso bioquímico seguido guarda estrecha semejanza con las reacciones químicas descritas en los procesos fermentativos del azúcar (cerveza, sidra, vino, etc.) que sí nos resultan más conocidos.

En la bebida resultante podía quedar una cierta proporción de ácido acético, de alcohol etílico y de anhídrido carbónico disuelto, que, en conjunto, prevenían el crecimiento de otros organismos no deseables.

Por tanto, esta bebida natural y ancestral se lograba por un manejo preciso de los tiempos de fermentación y de las condiciones necesarias, tanto para conseguir su gusto agradable, refrescante y algo estimulante, como para evitar contaminaciones microbianas que pudieran poner en peligro la salud. Muchas veces, esto último no se conseguía.

El producto final, tras el tiempo de espera y el cuidado necesario, era una bebida de interesante sabor herbal, refrescante, estimulante, algo carbonatada, dulce y, con los componentes saborizantes y estimulantes de una infusión de té, a la que se añadía a veces alguna otra especie vegetal para ampliar su abanico de cualidades organolépticas. Y, además, si se aumentaba el tiempo de fermentación, el pH disminuía, obteniéndose así un vinagre de té con usos culinarios.

La evolución hacia la kombucha comercial

En el antiguo proceso familiar de fabricación de kombucha no existía control sanitario: siempre existía el riesgo de posibles contaminaciones microbianas, así como de excesos de alcohol o de ácidos. De hecho, no resulta recomendable prepararla en casa: existe considerable riesgo de sufrir una intoxicación alimentaria.

Por eso, ahora, poder comprar kombucha regulada supone para el consumidor una garantía sanitaria para acceder a una refrescante bebida natural no alcohólica, obtenida igualmente por procesos naturales, pero bajo supervisión industrial, estricto control y pautas de optimización, y que, como veremos a continuación, puede representar numerosos beneficios para la salud.

Propiedades del té kombucha: una bebida natural

A nivel químico, esta bebida natural contiene los polifenoles y flavonoides presentes en el té Oolong y el té verde. Son antioxidantes -, antibióticos y antivirales. Cantidades moderadas de té pueden ayudar a mejorar la salud del sistema cardiovascular y a la reducción de grasas en sangre. Al añadirle jengibre (frecuente en los preparados comerciales), contiene vitamina C y aumenta la cantidad de polifenoles. El jengibre ayuda a combatir el asma y las infecciones bacterianas.

Por provenir del té, esta bebida natural contiene cafeína y teobromina, de efectos excitantes o energizantes. También contiene azúcares. Por ello, se recomienda que las personas con algún tipo de padecimiento (hipertensión, problemas renales o inmunitarios, diabetes, intolerancias, etc.) consulten con su médico para conocer qué frecuencia o cantidad puede resultar más adecuada para ellas.

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