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Las redes sociales

viernes 26 de abril de 2019, 15:16h

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Reconozco que dedico un tiempo a revisar las redes sociales, pero siempre cierro las sesiones con una cierta sensación de sentimientos encontrados, es como ese sabor agridulce que encontramos en las frutas poco maduras. Hay mensajes de enorme ternura, burdos ejercicios de manipulación, experiencias personales que buscan trascender a los demás, procacidades, revelación de frustraciones, manifestaciones de inseguridad, provocaciones sectarias, mentiras tontas y falsedades varias para consumo de ingenuos. Con todo este bagaje expresivo podemos generar en nosotros mismos sentimientos y reacciones de los más variados, que solo el disciplinado ejercicio del respeto y la prudencia impiden manifestar la propia opinión y menos aún la discusión, aunque alguna vez se hace inevitable o se cae en la trampa

Lo positivo de estas exposiciones informativas abiertas, es la posibilidad que te ofrecen para analizar a las personas que concurren a ellas; su seguimiento permiten ir descubriendo aspectos característicos de una personalidad, que aunque traten de ocultar en sus mensajes, siempre aflora y con ella los valores que la sustentan, en caso de tenerlos, los prejuicios que padecen y en definitiva sus motivaciones personales, que incluso alcanzan a descubrir los aspectos más ocultos de sus propia identidad.

Sin entrar a valorar los falsos perfiles que se construyen para ejercitar acciones de manipulación y desinformación, la red nos ofrece un amplio catálogo de la tipología de las personas con las que nos relacionamos y cuyo conocimiento escapa al trato personal que solemos mantener, a menos que se trate de verdaderas amistades, en cuyo caso el mutuo conocimiento es más profundo y excluye este tipo de análisis, pero siempre es posible advertir en todo el proceso, las contradicciones que todos tenemos.

Hay personajes, auténticos palizas, que se siente protagonistas de la inmortalidad y nos acucian de recuerdos y noticias intrascendentes. Otros, por el contrario, se erigen en jueces del bien y del mal, condenando sin remisión a los demás, en base a su propio criterio, aunque sea erróneo o determinado por las pasiones. Existe otra categoría, desgraciadamente muy extendida, la de los turiferarios, que expande el incienso de sus elogios a personas o aquellas ideas y manifestaciones, que les garantiza o pueden garantizar su vivir, independientemente de sus propias y profundas convicciones.

Por último hay una categoría de usuarios, sumamente peligrosa y de gran trascendencia, como es la de los intoxicadores; que cuenta con medios y recursos, para desvirtuar la verdad, instalar la falsedad como categoría de conocimiento y de destrucción de personas e ideas. Es la peor y más abundante especie de usuarios y la que provoca mayores niveles de confusión, moral, ideológica y del conocimiento. Estas personas se emplean a fondo en los períodos electorales como lo podemos comprobar a diario.

La formación y el análisis crítico nos pueden ayudar a sortear los peligros de caer en trampas, juicios de valor, manipulaciones o sencillamente en pérdidas de tiempo. Lo importante es conocer, evitando la discusión, no significando a nadie y sí generalizando en el caso de tener que advertir…y sobretodo, evitar favorecer la difusión de aquello que pueda poner en duda el honor, la credibilidad y el prestigio de las instituciones y personas sin base cierta de conocimiento probado y siempre y cuando afecten al interés general y no constituyan mero chismorreo.