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Insaciables en la tomadura de pelo a la gente

jueves 21 de noviembre de 2019, 08:21h

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La sentencia al caso de los EREs nos ha dejado, amén de la constatación de que la Justicia es lenta, en ocasiones lenta a la carta, como en este caso en el que una sentencia que estaba lista retrasa su publicación hasta después de unas elecciones generales, y no siempre tiene el mismo rasero con todos, la confirmación de que la vergüenza es un bien que cotiza alarmantemente a la baja en el mercado de la política.

Con semejante palo a la honradez, la honorabilidad y la seriedad de un partido como el PSOE, en el que la gran mayoría de sus militantes y cargos institucionales exhiben una impoluta honradez, como ocurre en todos los partidos políticos, uno esperaba una reacción de sonrojo, consternación, disculpas públicas y promesas de que jamás volverán a permitir que ocurra algo similar.

Han sido 680 millones de euros del erario público, que debían destinarse a los parados andaluces o que podrían haber tenido cualquier otro uso en beneficio de la ciudadanía, los que fueron a parar, de manera continuada y casi permanente, a las mamandurrias de diversos cargos socialistas. Sí, sí; a pesar de lo que digan Ábalos y compañía, socialistas.

Sin embargo, el toque de corneta ha ido seguido de la consigna “culpabilidad cero”. Como si la cosa no fuera con ellos, como si los jueces no hubieran publicado una sentencia en la que se menciona una y otra vez al PSOE y a los socialistas, en la que se condena a 17 altos cargos designados por el PSOE, entre ellos a dos presidentes del partido que lo fueron también de la Junta de Andalucía, el partido de Pedro Sánchez se ha puesto de acuerdo para decir que “a mí plin, que yo duermo en Pikolín”.

Los socialistas se han calado el sombrero de ala ancha, se han subido las solapas, han encogido los hombros y se han ido del lugar del crimen silbando la de ‘El Puente sobre el Río Kwai’.

“Es un caso que no afecta al PSOE”, ha dicho Ábalos; “Son personas honorables”, ha respondido desde Sevilla el gran Cornejo; y en Almería, la portavoz socialista en el Ayuntamiento de la capital, Adriana Valverde, no ha tenido otra ocurrencia que, preguntada sobre el asunto, responder que los socialistas son gente honrada y transparente.

No me consta que la máxima representante del PSOE se fumara un puro tras semejante afirmación, que desde luego pedía a gritos una repregunta, del tipo: “¿Cómo? ¿Pero se ha enterado usted que le acaban de decir que sus colegas de partido, so-cia-lis-tas, estuvieron años y décadas puliéndose hasta un total de 680 millones de euros del erario público, de los paganos, de los ciudadanos de a pie?

Pues nada, gente honrada y transparente. Vamos, que los hombres de Chaves y Griñán nos chorizaron a los andaluces 680 millones del ala, pero con una transparencia y una honradez que mucho es que no les hayamos puesto un monumento en la puerta del Palacio de San Telmo.

Es como el viejo dicho, tan almeriense, de peerse y ofenderse; reflexione el oyente: aquel que larga fiesta por la puerta de atrás y, al percibir el olor de su noble creación, comienza a quejarse y a pedir responsabilidades al vecino. Lo dicho, se peen y luego se ofenden. Con perdón.

Víctor Hernandez Bru

Periodista, director de EsRadio Almeria y Radio Marca Almería