Hemos despedido el año 2025 con los cacos haciendo de las suyas en nuestros pueblos. Mientras nos dedicábamos a disfrutar de estos días, con sus noches familiares, los amigos de lo ajeno se han dedicado a hacer lo que mejor saben, limpiar nuestras casas, almacenes y cocheras. Pero no se preocupen, que Marlasca y sus voceros nos dirán que España es muy segura, la más del mundo mundial, y lo repetirán sus seguidores, sean estos políticos o hayan dejado de serlo hace unos meses.
No les voy a decir que me alegre, les ha tocado a dos amigos pasar por las manos de los muy nobles y defendidos delincuentes por parte de la sociedad gobernante de estos tiempos en nuestro país, un exalcalde de un importante municipio del norte de la provincia y al actual alcalde de uno pequeño del río. Al primero le han desvalijado el apartamento, las fotos demuestran el cristo que le han organizado en el mismo, al segundo le han limpiado la cochera de los trastos allí guardados, las bicicletas, las herramientas del campo, desbrozadoras y otras, así como unas cuantas cajas de vino, blanco y tinto. En esto no han tenido miramientos, yo me habría inclinado por los blancos, ellos no a la hora de elegir el color del morapio. Se los han llevado sin miramiento alguno.
¿Se imaginan ustedes si a los ocho mil alcaldes de España, más los ocho mil ex, los vulnerables y necesitados delincuentes los hubieran visitado en estas mismas fechas navideñas, haciéndoles un roto en sus casas, cocheras y almacenes? Reitero que no me alegro, son amigos los dos perjudicados que me cuentan sus historia, pero, ¿qué hubieran hecho esos ocho mil alcaldes ante la seguridad que dice y de la que presume Marlasca que está viviendo España? ¿Podrían entonces hablar de la inseguridad que se vive en los pueblos y ciudades de nuestro país, o se callarían por aquello de que al jefe político no le interese que se habla de la inseguridad que nos rodea? Creo que no abrirían la boquita de piñón, reflejo de la que nos ofrece el ministro cuando lanza besitos desde su escaño en el congreso de los diputados.
Me van a decir ustedes que soy un malvado, y es posible que tengan razón, pero creo que sería necesario que esa inseguridad que han vivido en esta pasada nochevieja dos buenos amigos, la experimentaran el resto de los ocho mil alcaldes, que ni uno se quedara sin recibir la visita de los cacos de turno, que a unos les desvalijaran el hogar y a los demás les limpiaran la cochera y el almacén a fondo. No me digan que no sería una buena muestra con la que plantearle al inefable ministro Marlasca, y a sus voceros en el resto del país (en Almería, don José María Martín), que estamos viviendo la peor plaga de inseguridad que se conoce en los últimos años, y que ellos no hacen nada por evitar que nos visiten los amigos de lo ajeno.