O no se atreven a una manifestación en Madrid los llamados sindicatos de clase en este primero de mayo que celebramos, o están cumpliendo las órdenes de quien manda en ellos, para que la organicen en tierras malagueñas, donde se sabe mora Juanma Moreno Bonilla, y que en estos días anda de precampaña en la comunidad andaluza que preside.
También podríamos decir que es algo de mala entraña sindical y política la que lleva a los Sordo y los Álvarez a manifestarse hoy, en defensa de los trabajadores, en la bella ciudad andaluza. No les creo interesados en los espetones malagueños, ellos son más bien de mariscos gallegos y gambas de Garrucha.
Que hay que defender a los trabajadores es algo en la que todos los que hemos estado empleados, hemos tenido directores estúpidos, envidiosos, de infaustos recuerdos en nuestras empresas, sean públicas o no, o jefes que han usado su poder sin miramiento alguno, estamos de acuerdo.
Claro que hay que defender al trabajador. Lo que no se tiene muy claro es si estos sindicatos son los llamados a hacerlo. Por el ejemplo que nos han venido ofreciendo a lo largo de los años, con las subvenciones recibidas de los gobiernos, los cursos que se cobraron y no se dieron, las viviendas que se vendieron y no se llegaron a construir, con los silencios producidos durante años dependiendo del partido que esté en el poder, no parece que se pueda esperar de ellos una mínima defensa. Pero ahí los tienen, alguien los necesita en Andalucía en fechas de precampaña, y ellos, los Sordo y los Álvarez acuden con prontitud ante el deseo del jefe.
Hoy toca hacer que sus voces se oigan en contra de los que mandan en Andalucía, y en esas andan. Si a lo largo del año pasado la Junta, contra la que hoy se manifiestan en Málaga, les dio en subvenciones a estos sindicatos más de treinta millones de euros de nuestro dinero, ¿cuánto les ha debido dar el gobierno central, también de nuestros impuestos? Es de imaginar que Pedro le ha mojado la oreja a Juanma. La manifestación de este primero de mayo ya no la puede controlar, pero le pueden montar alguna más en los próximos meses y años de su mandato, por lo que lo único que le queda al presidente andaluz es ser más generoso, tener más corazón y bolsillo con los sindicatos y darles más billetes de colores para que sigan jugando a los barquitos en las sedes sindicales.
Tampoco le debe importar mucho, el dinero no sale de sus bolsillos, ni de los de sus consejeros. Al igual que los más de treinta millones del año pasado, los dispuestos para este y los venideros, saldrán de los nuestros, de esos impuestos que, entre unos y otros, piratas siempre ante el dinero de los demás, nos sacan con premeditación y alevosía.
Estamos en el primero de mayo. Qué distintos aquellos en los que aún creíamos en el trabajo de los sindicatos de clase. Los cambios, no sabemos si buenos o malos, han llegado para todos, y lo que es peor, para quedarse.