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Cara y cruz de la Constitución

jueves 05 de diciembre de 2019, 21:25h

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Los libros hay que leerlos enteros para saber si son buenos o malos, y hasta en ocasiones, ha de pasar un tiempo, dejarlos reposar en la memoria, para luego valorarlos en su justa medida. Así me pasó con más de uno de los obligatorios en el Bachiller o en la EGB, que no ha sido hasta muchos años después que descubrí la acertada exigencia de mis maestros, porque es verdad que algunos no lo habría empezado nunca, y otros, nunca los habría terminado.

Algo así debería hacerse con los políticos y la Constitución, porque es evidente que unos nunca la han comenzado, otros nunca la han acabado, y la inmensa mayoría se nutren de lecturas salpicadas, con la única intención de hacerse una idea general, por otra parte mediatizada por los críticos profesionales del propio partido.

Es por eso que sorprende la aguerrida defensa que hace de la Carta Magna quienes defiende la unidad indisoluble de la nación española, echándose incluso a la calle si es necesario, pero que nadie les espere en la defensa de las nacionalidades que componen el Estado, que nadie les espere en la reclamación de la competencias territoriales, que nadie les espere en la defensa de los símbolos y las instituciones que le son propias.

Del mismo modo, quienes reclaman el cumplimiento de la Constitución en temas como el derecho a la vivienda, al trabajo, a la sanidad, la educación o las pensiones, le niegan el valor cuando se refiere a la propiedad privada, o la posibilidad de que estos servicios se presten de un modo que no sea íntegramente público.

También, quienes anteponen que la jefatura del Estado recaiga en un monarca alegando su constitucionalidad, consideran ilegítima y hasta ilegalizable, el republicanismo o el independentismo por atentar contra ciertos principios constitucionales. Pero hay quienes sostienen que la Constitución permite estas opciones, y consideran que son otros los que deberían ser expulsados de la legalidad democrática.

Hay quienes levantan la cruz católica por encima de todo, ignorando que se consagra la libertad religiosa y la neutralidad que las instituciones deben mantener respecto a todas ellas.

No es de extrañar que quienes una vez dijeron haber nacido para romper el candado del Régimen del 78, luego presentaran la Constitución como programa electoral; tampoco que quienes tienen unas ideas que podrían dinamitar sus principios básicos, se presenten como sus grandes valedores.

Lo mejor, no es que te lo cuente, es que te la leas aprovechando el “puente”.